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          De la energía del Carbón al Museo Nacional de la Energía

          Central Térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada
          De la energía del Carbón al Museo Nacional de la Energía

          A través del siguiente reportaje, recorremos lo esencial de la historia de este edificio industrial que significó la modernización de Ponferrada y el despegue del sector dinamizador de la Comarca, el carbón. Hoy un vestigio, un sello de la ciudad en otro tiempo, en pocos meses renace su historia como Museo Nacional de la Energía.

          (coloque el puntero sobre las imágenes para la descripción de la fotografía)

          Primeros pasos

          La MSP se fundó como empresa minera en 1918 con un capital de 30 millones de pesetas, y con el objetivo de explotar los yacimientos carboníferos de El Bierzo y Laciana.
          Los estudios realizados a finales del S.XIX por Julio Lazúrtegui sobre las explotaciones de hierro de coto Wagner, los hulleros de Laciana, la Ley de Protección industrial del entonces ministro de Fomento, Francisco Cambó, y las expectativas económicas que generaba la postura neutral de España en la Primera Guerra Mundial, creó el escenario idóneo para el nacimiento de la Minero Siderúrgica de Ponferrada como agente productivo para estas materias demandadas internacionalmente.

          En esa época, MSP adquiere 270 hectáreas de terreno en Ponferrada, al oeste del conocido barrio de La Puebla para levantar la siderurgia, pero la crisis al final del conflicto mundial hace desistir el proyecto de la nueva Vizcaya en El Bierzo.

          En todo caso, en 1920, el presidente de la compañía, José Luís de Ussia y Cubas, conde de los Gaitanes, solicita la construcción para un proyecto de fábrica de briquetas con pequeña central térmica para su alimentación energética y un lavadero de carbones. Su ubicación, en una margen del Sil para tomar el agua necesaria para la refrigeración de las máquinas por un canal paralelo al río de unos 150 metros de longitud.
          En torno a esta primera infraestructura se creó la línea de ferrocarril Ponferrada-Villablino, que posicionó al Bierzo como zona de desarrollo de este transporte en una franja norte poco propicia para ello. Todo para generar una red de abastecimiento de carbones desde las minas a la central.
          Sobra decir que estos primeros pasos supusieron el boom de las explotaciones de las cuencas mineras.

          vista general de la primera, segunda y tercera central

          Esta primera térmica, de 800 kw/h de producción nace para el consumo de la empresa, las oficinas y planta de briquetas. Así las cosas, estas briquetas fueron esencialmente el origen de una industria que acabaría por considerar la producción eléctrica como un negocio en sí.
          De esta fabrica llegan a nuestro días el edificio más pequeño del grupo de tres que forman la antigua MSP. En forma de “T” y con la chimenea de ladrillos como elemento identificativos.
          Aquí trabajaban 25 operarios.

          entrada del carbón a la central. Descarga desde el ferrocarril válvula de salida de las cenizas de las calderas

          Ampliación del 27

          Las demandas de la compañía cada vez son mayores, y en 1927 se considera ampliar la central para que sea además suministradora. El estudio y proyecto se redactan en 1928, y a comienzos de 1930 el nuevo edificio estaba listo.
          Se trata del edificio mediano, o la pequeña de las dos naves principales del conjunto industrial en la zona. Con capacidad para 6.000 kw de producción, su diseño es hermano de la construida en esta época por MSP en Villablino, de 1.100kw y que aprovechaba sobrantes de la central de Ponferrada. De hecho, desde el panel de mandos de esta central se controlaba la producción y los niveles registrados en Laciana en tiempo real. Todavía hoy puede verse el panel de supervisión de Villablino.

          paneles de control panel de control de la central de Villablino

          interior de esta central (primera ampliación)Este edificio de ladrillo rojo que suponía la ampliación en Ponferrada, consta de dos alturas con seis pequeñas chimeneas de metal en su cumbre.
          En su interior se divide en dos naves, una de calderas y otra de generación con tecnología alemana. Incluso algunos de los 80 empleados que se ocupaban ya de la central, eran Alemanes.

          Desde el punto de vista técnico, seis eran las calderas alimentadas por dos turboalternadores Ljungstrom y marca Stal, fabricados en Colonia (Alemania) de 2.800 kw/h.

          Segunda ampliación. El proteccionismo del franquismo

          interior de la última central (segunda ampliación). Imagen de la calderaTuvo lugar en 1944 y de ellas resultó el edificio más identificativo del conjunto industrial.
          De nuevo la escala era mayor, una construcción de tres alturas en ladrillo rojo, al costado oeste de la anterior central, que se mantendría operativa.
          Las 4 chimeneas metálicas que sobresalen 10 metros desde la techumbre han llegado a nuestros días.
          Esta ampliación comenzó y culminó en un año 1945, al abrigo del franquismo, que forzó la extracción del mineral en las cuencas bercianas al no poder contar con otro recurso exterior, tanto por el aislamiento tras la Guerra Civil como por la II Guerra Mundial que dificultaba cualquier proyecto de mercado estable.

          las chimeneas en el interior de la naveEn el interior del que sería postrero edificio, las nuevas calderas Babcok&Wilcox, que desarrollaron una capacidad de producción de 15.750kw/h.

          El final de la central MSP

          En 1949, Endesa concluía la construcción en el barrio de Compostilla de su primera central térmica, Compostilla I, contigua a la de MSP y cos dos grupos de 25mw de Brown-Boveri, que arrancan el 12 de julio y 13 de octubre respectivamente. En 1954 se amplía con otro grupo de 57mw y en 1957 con otro de 60 mw.
          Sólo dos años después la intratable potencia de Endesa expande su capacidad energética con la construcción en Cubillos de Compostilla II, que sustituiría a su predecesora en 1974.

          Antes, en el 71, MSP no puedo resistir por más tiempo la pujanza de la compañía eléctrica, y el 16 de julio, el director de Energía y Combustibles Francisco Pérez Cerda, certificaba la baja como central de producción energética.

          Re-historia

          Casi desde ese momento se iniciaba la historia negra, casi hasta la desaparición por el grado de conservación, de la central de MSP, hasta que en 2007 el propietario de la compañía cede a la Fundación Ciudad de la Energía, con mediación del consistorio ponferradino, la titularidad del ya vestigio industrial.

          zona de duchas y vestuario de trabajadores

          Los planes de la CIUDEN, en marcha desde hace escasas semanas, transformarán en 2011 este edificio en uno de los elementos principales del futuro Museo Nacional de la Energía, junto a Compostilla I y el entorno del Parque Museo que vertebrará ambas centrales y los barrios de Compostilla y La Puebla… sin duda otro sello de Ponferrada, que esta vez será del s.XXI y reescribirá la historia de un nuevo proyecto que recogerá la sección hitórico-antropológica del carbón.

          Se explicará tanto la extracción como el transporte y llegada del carbón, así como el funcionamiento de la central con la rehabilitación de todos los elementos.
          En definitiva, se recreará el recorrido del carbón dentro de la central.

          Los visitantes ingresarán por el muelle de carbones, donde se descargaba el mineral. Seguirán el recorrido de la materia prima para conocer cómo funcionaba la central y la manera de transformar esa masa negruzca en energía.
          Conocerán las naves de calderas, turbinas, y recovecos de la central.
          La historia se rescribe, se reinventa, se rehace, desde 2011. Y todos estamos invitados esta vez a conocer qué más hay detrás de ese edificio que para muchos ha sido durante años un gran desconocido.

          esta sirena marcaba el inicio y el fin de los turnos a los trabajadores

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          s2t2 -McCoy también es nuclear

          McCoy también es nuclear

          @S. McCoy - 29/06/2009

          He de reconocer que la publicidad atrajo de inmediato mi atención. Bajo el reclamo de Yo soy nuclear, los firmantes, promotores de la web de idéntico nombre, esgrimían hastadiez argumentos en defensa del uso de tal tipo de energía. Stricto sensu, de hecho, el anuncio pertenecía más al campo de la propaganda, desligada del sentido negativo al que va asociado tal vocablo. No perseguía tanto una intención comercial cuanto convencer al lector de que el león no es tan fiero como lo pintan y que, de hecho, el mantenimiento e incluso el reforzamiento del parque nuclear español traería más ventajas que inconvenientes. No puedo estar más de acuerdo. McCoy es nuclear y, de hecho, sigue pensando que es la actitud más progresista que existe a día de hoy.

          Visión que se refuerza en el entorno actual. Por varios motivos. Primero, España necesita ganar en productividad, es de hecho imprescindible para salir de la crisis, lo que requiere a su vez de unos costes de producción energética baratos. Algo a lo que sin duda contribuyen las centrales nucleares. Es verdad que existe un coste de implantación. Pero, como ha quedado demostrado, se traduce en la creación de riqueza en las regiones donde se instalan, en seguridad y estabilidad en el suministro lo que, en definitiva, redunda en una mejor gestión de la red, y en un precio por kilowatio que se sitúa sólo por encima de la incierta energía hidroeléctrica. Además, segundo, en un entorno de competencia por los recursos escasos, se facilita la reducción de la dependencia de los aprovisionamientos de carbón, gas o petróleo procedentes del exterior y se gana por tanto en autonomía.

          En tercer lugar, es una evidencia que la apuesta por lo verde no es limitativa ni excluyente y que puede verse perfectamente complementada por un parque de nucleares que permitan, a un coste razonable, convertirse en una alternativa de las contaminantes centrales térmicas y contribuir así a la reducción de emisiones de CO2 al espacio. Así lo ha entendido el propio Obama en Estados Unidos, y con él todos aquellos países que han hecho del desarrollo de este tipo de energía una prioridad de cara al futuro, especialmente en el ámbito de los BRICs. En un entorno crítico para las cuentas públicas, la involucración del capital privado es clave. Y frente a la incertidumbre que se deriva en toda industria subsidiada, y sujeta por tanto, al vaivén administrativo, la nuclear se presenta como una alternativa clara y solvente. Prueba de ello es el propio interés deIberdrola en el sector en Reino Unido.

          Hay un factor último de hipocresía que, siendo el menos relevante, no deja de tener su importancia. Cuando el sistema lo necesita, la ayuda viene del denostado uranio enriquecido francés a través de la interconexión eléctrica que mantenemos con aquél país. Una paradoja, cuando menos, esta discriminación que se establece en función de dónde se encuentre el origen de la producción, argumento que resultaría de igual aplicación si de lo que estuviéramos hablando fuera del elemento de seguridad, factor que, por cierto, ha mejorado considerablemente con el paso de los años, y más tras el desastre de Chernobil en Ucrania. Mucho confían algunos en el poder paralizante de los Pirineos en el caso de una catástrofe nuclear en la nación vecina. Demasiado, tal vez.

          Es verdad que la alimentación de las centrales se basa en una materia prima igualmente finita y que el aumento del parque de centrales debería llevar aparejado, igualmente, un incremento de la demanda de uranio y un encarecimiento de su coste. Sin embargo, si acceden al siguiente enlace verán cómo la commodity ha vivido un periodo de auge y caída similar al del crudo aunque más espaciado en el tiempo: tras casi alcanzar los 140 dólares en el verano de 2007, se produjo un colapso hasta los 40 que tocó esta primavera. Ha rebotado en los últimos meses pero aún ronda el nivel de 55. Uno se pregunta si no es una alternativa de inversión, per se, de lo más atractiva si nos atenemos a las dinámicas potenciales de compra al alza y oferta a la baja. Puede ser, incluso, que tal descenso sea debido, en parte, en la mejora de la segunda cuestión que esgrimen los detractores de lo nuclear: la seguridad de los residuos. Un problema que también ha vivido extraordinarios avances en los últimos años tanto en términos de reutilización y reciclado como de almacenaje, lo que ha podido afectar a la demanda. Este gráfico explica bastante bien el ciclo de uso del uranio, para los legos como yo.

          Como es costumbre en este país, las ramas de un debate menor nos impiden ver el bosque de lo que está en juego. No se trata de prorrogar o no la vida de las centrales nucleares actualmente existentes (muy interesante, por cierto, el artículo de Vidal-Fochhace un par de semanas en El País), si no de saber el papel que ha de jugar esta energía en el futuro en relación con todos los aspectos que hemos apuntado a lo largo de este post, al que habría que añadir la imprescindible cuestión de la racionalidad o no del nivel de consumo actual. Una de las cosas que me enseñaron nada más aterrizar en el Confidencial es que no se puede abrir una crisis si no se tiene la solución. Una máxima que resulta de indudable aplicación cuando se aplica a las decisiones del ejecutivo. ¿Cuál es la alternativa razonable? Me digan. Está bien ser más papistas que el Papa, pero hombre, no a costa de nuestro bolsillo. Y es que otra de las frases míticas que acompañan el día a día de la gestión de este medio es el si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema. A ver si va ser eso, Zapatero y Sebastián, a ver si va a ser eso…

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          y2a -El automóvil y el cambio climático

          El automóvil y el cambio climático

          cambio climatico 3 El automóvil y el cambio climático

          El mundo del automóvil, como cualquier otro producto industrial, se mueve casi en exclusiva por lo que dicten las tendencias de moda y el marketing. Evidentemente los fabricantes de automóviles lo que buscan es la rentabilidad de sus accionistas, el crecimiento de su patrimonio y la perpetuidad de su negocio. Lo demás es prácticamente indiferente. Por mucho que los slogans publicitarios de las diferentes marcas recen que “les mueve la pasión”, “el placer de conducir”, “por la vida” o lo que sea, lo único que importa es la pasta.
          Y así es; hace tres décadas lo que vendía era la potencia, velocidad, aspectos lujosos o agresivos. 10 años después empezó a hablarse del término “versatilidad” y el espacio y las posibilidades de uso saltaron al mercado, sin dejar de lado las prestaciones del vehículo. De 15 años hacia aquí hubo una materia que se convirtió en primordial para los fabricantes: la seguridad.

          Curiosamente, la seguridad se convirtió en aspecto fundamental a mejorar, pero el salto fue mayor en el campo de la seguridad pasiva que la seguridad activa por un claro motivo: la seguridad pasiva resulta mucho más espectacular de cara al posible cliente (siempre impresiona eso de ver coches estrellándose en laboratorios, mientras que un coche frenando a fondo con ABS no impacta ni vende tanto). En los últimos años se hizo más hincapié en la seguridad activa (el mercado se iba dando cuenta que también es importante tratar de evitar el accidente, además de estar protegido si llega el desgraciado caso). De esta manera creció espectacularmente el porcentaje de coches nuevos que equipan ESP, entre otros elementos.

          Hoy en día, y debido fundamentalmente a la crisis que nos amenaza lo que vende es la ecología. Este campo, pese a haberse desarrollado enormemente en la automoción, no ha sido hasta ahora cuando parece haber tomado una especial relevancia, y no lo hace por las emisiones de CO2 ni por el ahorro de carburante, sino que lo hace por la crisis y las necesidades de comprar coches más baratos y con consumos inferiores.

          cambio climatico El automóvil y el cambio climático

          Por otra parte, el terrible descenso de ventas que ha sufrido el sector en el último año (algo más de un año ya…) impulsa a las administraciones públicas a incentivar la compra de vehículos nuevos. Pero…¿eso es ecología? No lo parece, porque pese a que un coche actual contamina hasta 15 veces menos que uno de hace 20 años, las emisiones de CO2 son prácticamente similares. De hecho, el descenso de emisiones de los coches nuevos se va compensando con el continuo crecimiento del parque automovilístico con lo que la “cara ecológica” de las ayudas al cambio de coche se desvirtúan.

          Greenpeace hace la siguiente declaración al respecto:
          “Es inaceptable que, con dinero público, se financie una industria que se opone desde hace años a adaptarse a los tiempos y a las necesidades ambientales de la sociedad. El cambio climático está aquí y es posible combatirlo al mismo tiempo que se mantiene una economía más sana y más verde”


          El mundo industrial y la ecología están inevitablemente reñidos
          , pero promover la compra de vehículos nuevos con la excusa de que son menos contaminantes es pan para hoy y hambra para mañana. No obstante no hay que olvidar que en contra de la creencia popular, únicamente alrededor del 18% de las emisiones de CO2 provienen del transporte. Trasladando las cifras a nuestro país, el 11% de las emisiones provienen del tráfico rodado

          De igual manera, el coche eléctrico no es la solución mientras la mayor parte de la energía eléctrica se produzca masivamente en centrales térmicas que consumen combustibles fósiles. Por tanto, hace falta algo más que un cambio en la conciencia colectiva para que desciendan las emisiones de CO2. Es imprescindible que las administraciones promuevan las leyes y la cultura necesaria para que generación tras generación seamos más respetuosos con nuestro entorno. Desde mi punto de vista, la mejor arma con que contamos los ciudadanos para luchar contra el cambio climático es la concienciación y la presión social sobre los gobiernos.

          cambio climatico 2 El automóvil y el cambio climático


          Mientras tanto podemos ir aportando nuestro granito de arena limitando el uso del automóvil, caminando más, utilizando la bicicleta o el transporte público. Si no te queda más remedio que utilizar el coche, procura compartirlo: el viaje se hace más ameno y se minimiza el impacto ambiental. Una vez que nos hemos bajado del coche haremos un gran favor al medio ambiente racionalizando el consumo de energía eléctrica, limitando las horas de calefacción y promoviendo un pensamiento ecológico en la gente que nos rodea.

          Este post pertenece a la acción “100 post sobre el cambio climático”

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          s2t2 -Nucleares, ¿de entrada, no?

          Nucleares, ¿de entrada, no?


          Paradojas de la vida. El país que más se aleja del cumplimiento del Protocolo de Kyoto -como consecuencia de un modelo productivo depredador con el medio ambiente- se presenta ahora ante al mundo como el ariete contra las centrales nucleares (que por cierto no emiten gases de efecto invernadero). Lo curioso del asunto es que se trata de uno de los Estados europeos con peores registros en cuanto a intensidad energética -el indicador que muestra la relación entre la energía consumida y la producción de bienes-, lo que refleja que su estructura productiva y energética es altamente ineficiente. Se gasta mucho para producir poco.

          Pero para mayor perplejidad, estamos ante una nación que todavía no ha sido capaz de resolver el principal problema de las centrales nucleares desde el punto de vista de la seguridad: dónde demonios depositar los residuos radiactivos de alta actividad, y que hoy -como solución temporal- duermen en las piscinas situadas en los mismos emplazamientos donde fueron generados, lo que desde luego no es garantía de seguridad. Se trata –no conviene olvidarlo- del mismo país que todavía tiene que ‘repatriar’ basura nuclear (salvo que pague altísimas indemnizaciones si no lo hace en el plazo pactado) depositada en Francia y Reino Unido, procedente de las centrales de Vandellós I y Garoña.

          Pero eso sí, estamos ante un Estado en el que sus ciudadanos se encuentran entre los más antinucleares de Europa -lo dice el Eurobarómetro que elabora la Comisión Europea-, pero ocurre que ningún municipio está dispuesto a albergar un cementerio nuclear en sus proximidades, lo que sin duda allanaría el camino para el entierro definitivo de la industria del átomo.

          Pues bien, ese país, antes de resolver esos problemas relacionados con la sostenibilidad del territorio y del sistema económico, parece decidido a no renovar las autorizaciones de explotación de centrales nucleares, tal y como han interpretado los exégetas del presidente sus recientes palabras: El Gobierno “procurará cumplir” –ha dicho Zapatero- su programa electoral, en el que se pone negro sobre blanco el compromiso político de cerrar los reactores al final de su vida útil, que convencionalmente se sitúa en 40 años.

          Un escenario singular

          Dando por buena esa interpretación de las palabras del presidente -que vienen a ser una especie de ‘Nucleares; de entrada, no’, España se asoma a un escenario energético verdaderamente singular. Es uno de los países con mayor dependencia energética del mundo, pero parece dispuesto a abandonar la energía nuclear, que hoy supone casi el 20% de la producción eléctrica.

          Y aquí está la paradoja. En vez de enmarcar el cierre de Garoña -o la eventual renovación de su licencia- en el contexto de un plan energético estratégico de larguísimo plazo, parece que la decisión descansa exclusivamente en la voluntad política del presidente del Gobierno, como si el aprovisionamiento energético no fuera una cuestión de Estado que sobrevuela al inquilino de turno en la Moncloa.

          Desde luego que no se trata de una decisión cualquiera. Es verdad -como ha recordado recientemente Zapatero en el Senado- que la central de Garoña (que comenzó a estar operativa en 1971) aporta tan sólo el 1,4% del consumo eléctrico del país, pero no es menor cierto que detrás de la planta burgalesa vienen Almaraz, Ascó, Cofrentes y Vandellos II. Todas estas centrales deben renovar su licencia antes de noviembre de 2011, es decir dentro de la actual legislatura, por lo que la decisión sobre Garoña necesariamente ‘contaminará’ al resto de centrales.

          Estamos, por lo tanto, ante un falso debate que tiene un fuerte comportamiento ideológico-electoral: ‘nucleares, si’ o ‘nucleares, no’; pero que obvia el problema de fondo las garantías de aprovisionamiento energético a precios compatibles con las necesidades de bienestar

          Únicamente Trillo (noviembre de 2014) se queda fuera de un calendario diseñado por el enemigo, que hace que la renovación del parque nuclear español se concentre en apenas un par de años. Es decir, que teniendo en cuenta que entre la orden de cierre de una central y el cese definitivo de su actividad pasa entre tres y cuatro años (como sucedió con la planta José Cabrera) estaríamos hablando de que a la vuelta de 2015 sólo habría una central en funcionamiento. Claro está, en el supuesto de que el Gobierno aplicara la esencia de su filosofía: las nucleares son malas, y por lo tanto no deben ser renovadas las licencias.

          Pero aquí surge de nuevo otra paradoja. Ha dicho el presidente que esperará a que se cumpla la vida útil de las centrales, lo que significa que agotará los 40 años. Y eso significa que hasta el año 2028 habría centrales en funcionamiento. La última Vandellós, que comenzó a ser operativa en 1988, en plena moratoria. Las fechas son importantes por una razón. Evidencian que la mayor parte del parque nuclear español empezó a estar operativo en pleno parón nuclear. Felipe González hizo en su día un ejercicio de real politik y aceptó su apertura, toda vez que una decisión en contrario hubiera sido lo mismo que tirar miles de millones a la basura.

          Avances tecnológicos

          ¿Y por qué 40 años y no 50 o 60? En EEUU, con una legislación muy severa tras el accidente de Three Mile Island en 1979, se ha extendido la vida útil de 26 unidades hasta los 60 años, y otras 18 centrales están en proceso de revisión. Y en Japón -un país altamente sensibilizado con la energía nuclear por razones obvias- se plantea la posibilidad de contar con centrales cuya vida sea del orden de 70 años. Todo gracias a los avances tecnológicos, que permiten centrales más eficientes y seguras, lo que explica el voto favorable del Consejo de Seguridad Nuclear para que Garoña siga funcionando 10 años más. Lo determinante, por lo tanto, no es el concepto de ‘vida útil’, sino las condiciones de seguridad de cada planta nuclear.

          Estamos, por lo tanto, ante un falso debate que tiene un fuerte comportamiento ideológico-electoral: ‘nucleares, si’ o ‘nucleares, no’; pero que obvia el problema de fondo las garantías de aprovisionamiento energético a precios compatibles con las necesidades de bienestar de la población. El falso debate se plantea, incluso, como un asunto excluyente. Como si la renovación de las autorizaciones no fuera complementaria con la apuesta por las energías renovables, cuya capacidad de sustitución de las fuentes tradicionales es hoy por hoy –desgraciadamente- limitada. Claro está a no ser que un país con más de cuatro millones de parados esté dispuesto a hacerse el haraquiri económico. Y lo que es todavía peor, el debate se plantea como una cuestión que afecta exclusivamente al Ejecutivo, cuando se trata de una decisión nacional que en ningún caso debe tomarse por razones electoralistas.

          Hay que mantener, por lo tanto, la moratoria nuclear; pero eso no es incompatible con la renovación de Garoña, hasta el preciso momento en que el Consejo de Seguridad Nuclear diga que la central es inviable. Y en paralelo, acelerar tanto el uso de energías renovables –sin pagar sobreprecios- como el uso más racional de la energía, derrochada a raudales con planes urbanísticos insostenibles que hacen desplazarse cada mañana a millones de ciudadanos a sus centros de trabajo. Cambiando, al mismo tiempo, un sistema de transporte depredador del medio ambiente que potencia el uso de medios individuales frente a los colectivos. Es decir, crear las condiciones objetivas para que este país pueda desprenderse de la pesadilla nuclear. Pero eso no es lo mismo que poner los bueyes delante de los carros, como pretende el señor presidente.

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          Sainsbury’s genera electricidad a partir de su aparcamiento de diariomotor.com de Sergio Álvarez Sainsbury’s es una conocida cadena de supermercados

          Sainsbury’s genera electricidad a partir de su aparcamiento

          Sainsbury's genera electricidad a partir de su aparcamiento

          Sainsbury’s es una conocida cadena de supermercados británica. Preocupados por el medio ambiente, acaban de inaugurar en Gloucester un nuevo centro, orientado a la máxima eficiencia energética. Una de las mayores innovaciones es la generación de electricidad a partir de los vehículos que entran al parking. Tranquilos, nadie les descarga la batería, para acceder al aparcamiento los coches pasan sobre una placa metálica – parecida a un resalto, pero de menor tamaño – que cede ligeramente ante el peso del vehículo.

          Se genera un movimiento de la placa hacia abajo que acciona una dinamo, a su vez generando electricidad a partir de la energía cinética. De esta manera, el supermercado puede mantener funcionando equipamiento como las cajas registradoras – de no muy alto consumo eléctrico – sin coste alguno. El sistema aún está en pruebas, y si son satisfactorias podría extenderse a todos los Sainsbury’s del Reino Unido. Para la empresa supone electricidad gratis, y el coste de instalación se amortiza en sólamente dos años.

          Además de este sistema, el techo del edificio está cargado de paneles solares, las paredes están construidas de materiales reciclados y el agua de la lluvia se usa para la cisterna de los inodoros. Volviendo al tema automovilístico, esta solución me parece ideal para su instalación en grandes ciudades, con mucho tráfico. Si en la Castellana de Madrid se colocasen estas placas – cuyo efecto en la conducción es un muy ligero bache – estoy seguro de que se podrían operar los semáforos sin coste eléctrico alguno todo el día.

          Sus detractores opinan que puede dañar las suspensiones del vehículo, pero si se hace bien – como aparentemente es el caso del supermercado – el efecto sobre la mecánica de nuestro vehículo promete ser prácticamente nulo. ¿Implementaríais este sistema en vuestra ciudad? A continuación os mostramos un vídeo de las pruebas de uno de los primeros modelos, con mucha capacidad de generación energética pero claramente molesto para los conductores.

          Ventana externa

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          s2t2 -La batería del iMiev se queda corta; solamente dura 1.000 recargas

          La batería del iMiev se queda corta; solamente dura 1.000 recargas

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          La semana pasada, cuando la gente de Mitsubishi anunció la producción en cadena del nuevo eléctrico iMiev, se cuidaron muy bien de hablar de la duración de las baterías. Sin embargo vemos que en el foro de gm-volt se dan algunos datos interesantes de estas baterías y del porqué Mitsubishi ofrecerá el iMiev solamente por el sistema de leasing: la corta duración de las baterías.

          El proveedor de las baterías es GS Yuasa, que también provee a otras marcas japonesas, pero cuyas baterías duran la mitad de lo que duran unas baterías construidas por LG, por ejemplo. Resumiendo, las baterías del iMiev parece que durarán 150.000 km o 1.000 cargas.

          Hay que tener en cuenta que la manera de conducir o el uso que se le de al coche va a influir en estas cifras que no creo que sean tan malas. Pero que nadie espere que un iMiev vaya a durar más de 150.000 km

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          ¿Demasiadas renovables o demasiado caras?

          ¿Demasiadas renovables o demasiado caras?

          El Gobierno pone coto a nuevos proyectos de energías limpias para evitar burbujas especulativas - Las pequeñas empresas creen que los grandes grupos han ganado la partida

          SANTIAGO CARCAR 26/05/2009

          La mitad de la electricidad que se produce en España procede de fuentes que prácticamente no existían hace una década: molinos de viento, centrales que queman gas e instalaciones de cogeneración (producen calor y electricidad a la vez). Más aún: el pasado año, la quinta parte de la producción neta de electricidad (20,5%, de acuerdo con las cifras del Instituto de Diversificación y Ahorro Energético) fue limpia. Como entre 1995 y 2008, en un país que carece de combustibles fósiles, la demanda eléctrica creció un 90%, el resultado puede calificarse de espectacular. Las energías renovables, y especialmente la energía eólica, están detrás de ese cambio que ha llamado incluso la atención de la nueva Administración estadounidense. Pero, ¿a qué precio se paga el éxito?

          El porcentaje de renovables respecto al consumo total ha crecido poco

          La asociación APPA cree que una mano negra guía los planes de Industria

          En euros, las renovables costaron a todos los usuarios en 2008 más de 3.300 millones de euros en primas. Los datos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) especifican que 1.144 millones fueron a la energía eólica, 968 millones a la solar, 716 millones a la cogeneración y el resto a la hidráulica, la biomasa y el tratamiento de residuos. Un reparto polémico. La razón es que dos tecnologías, la eólica y la fotovoltaica, se llevan dos tercios. Pero una, la eólica, produce mucho más que la otra. En 2008, los molinos de viento (16.549 megavatios de potencia instalada) cubrieron aproximadamente el 11% de la demanda, con puntas de producción de hasta el 30% (11.200 megavatios, según datos de Red Eléctrica). La energía solar fotovoltaica, con 3.120 megavatios de potencia instalada en 2008, seis veces más que en 2007, tiene como horizonte lejano alcanzar una producción del 1%.

          La conclusión a la que ha llegado el Ministerio de Industria es que en determinadas tecnologías se ha creado una burbuja especulativa insostenible, con crecimientos de hasta el 450% anual como sucedió en el negocio fotovoltaico hace un año. Y hay que cortar por lo sano. En septiembre pasado, Industria revisó el pago de primas en el sector de la energía solar y este mismo mes, con un real decreto ley que ha sido convalidado en el Congreso con el apoyo de PSOE, CiU y PNV, ha decidido sujetar las riendas con más firmeza aún. Todos los proyectos de energías renovables tendrán que inscribirse en un registro y probar con documentos que cuentan con permisos, financiación (al menos del 50% del proyecto) y con los equipos necesarios antes de solicitar apoyos.

          El resumen de la situación, desde el punto de vista del Gobierno, está recogido en el decreto aprobado. Según el texto de la norma, la tendencia que siguen las tecnologías renovables "podría poner en riesgo, en el corto plazo, la sostenibilidad del sistema, tanto desde el punto de vista económico por su impacto en la tarifa eléctrica como desde el punto de vista técnico". Traducido, el párrafo quiere decir que el Gobierno cree que determinadas tecnologías encarecen el recibo de la luz, fomentan la especulación y dificultan la circulación de la energía por la red eléctrica.

          ¿Tiene razón el Gobierno? Sólo en parte. Porque la mayor parte del déficit entre ingresos y gastos del sistema eléctrico (16.000 millones de euros) se debe a dos hechos que discurrieron en paralelo: mientras el precio del petróleo pasó de 20 a 147 dólares en cinco años (de 2003 a 2008), el recibo de la luz se rebajó un 26% de 2000 a 2004. Y desde entonces, creció al ritmo de la inflación.

          Javier García Breva, director general de Solynova Energía, ex director del IDAE y ex diputado socialista, cuestiona la decisión de Industria por "incoherente". Representante de una de las 1.300 empresas que trabajan en el sector de la energía solar, cree que las renovables en general, y la energía fotovoltaica en particular, no son actividades económicamente sospechosas. "En la tarifa eléctrica", sostiene García Breva, "hay cargas, desde impuestos autonómicos, a la gestión de residuos nucleares", que han contribuido a descompensar el sistema más que las renovables. "El Ministerio de Industria y el Ministerio de Economía", prosigue, "jamás han reconocido que consumir renovables sea beneficioso para el país". Más aún, precisa, "pese al aparente esfuerzo realizado, en 2003 el consumo de energía primaria [término estadístico que contabiliza la energía antes de su transformación] cubierto con renovables llegó al 7% y hoy sólo llega al 7,6%". Conclusión: hay que invertir más, apoyando a todas las tecnologías y no sólo a aquellas que, probadas y con éxito, están siendo desarrolladas por grandes grupos empresariales.

          Porque los números cantan. Según un estudio realizado por Deloitte para la Asociación Empresarial Eólica (AEE) -en la que se integran los señores de los molinos, como Iberdrola o Endesa-, una vez hecha la cuenta de primas cobradas (950 millones), toneladas de gases de efecto invernadero no emitidas (20 millones), importaciones de petróleo no realizadas (500 millones de toneladas equivalentes de petróleo, tep) y exportaciones logradas (2.500 millones), el negocio se puede calificar de redondo.

          Son datos más que interesantes para un país con un déficit comercial de 94.000 millones de euros (año 2008), de los cuales el 47% corresponde a importaciones de gas y de petróleo. Y más que importantes si se tiene en cuenta que España depende en un 80% del exterior para su abastecimiento de energía y es el país europeo que más se aleja del cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto.

          "Lo mismo que tenemos un mix de generación de electricidad diversificado [nucleares, centrales térmicas y renovables]", dice García Breva, "habría que apostar por una cesta de renovables también diversificada". Aunque no lo dice, el directivo de Solynova Energía desliza así una idea más que asentada entre las empresas -1.300 según los registros- que tratan de hacer negocio con la energía solar: que los grandes grupos (Iberdrola, Acciona, Endesa, Abengoa...) han logrado llevar el agua a su molino en Industria, cortando las expectativas de los que tratan de ir por libre.

          El consejero delegado de Iberdrola Renovables, Xavier Viteri, no comparte esta idea. En su opinión, el real decreto aprobado por el Gobierno, con la obligación de registro previo de proyectos de renovables, "garantiza el crecimiento ordenado del sector" y el derecho a la retribución "de aquellas empresas que hayan hecho bien las cosas y que tengan idea de persistir".

          En opinión de Viteri, está fuera de toda duda que tiene que haber apoyo a las renovables. Porque lo contrario sería suicida. Viteri conoce al dedillo las tesis del economista Nicholas Stern en el estudio que realizó en 2006 para el Reino Unido. Stern defendía la necesidad de invertir el equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático porque, de no hacerlo, el mundo se expondría a una recesión cercana al 20% del PIB.

          España, asegura Esteban Morrás, el primer ejecutivo de Acciona Energía, debe de tomarse en serio el desafío. "Podemos tener una posición de liderazgo", aunque "es importante determinar dónde está el sector" para que el Ejecutivo determine "nuevos objetivos e incentivos". Acciona, como las grandes del sector, cree que las decisiones de Industria van en dirección correcta.

          Todo lo contrario de lo que cree la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) y Greenpeace. Ambas organizaciones presentaron esta misma semana un anteproyecto de ley para el fomento de las energías renovables que propone alcanzar en 2020 el 30% de renovables sobre el consumo final bruto.

          Tanto el presidente de APPA, José María González Vélez, como el presidente de Greenpeace, Juan López de Uralde, creen que el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y su secretario de Estado de Energía, Pedro Marín, se equivocan en sus planteamientos al limitar el desarrollo de buena parte del sector. González Vélez piensa incluso que la política de Sebastián responde al movimiento de "alguna mano negra que no quiere que avancen las renovables para que funcionen los ciclos combinados [centrales de gas]".

          Con el precio del petróleo al alza -en torno a 60 dólares por barril, el máximo de seis meses- y el temor a que una próxima recuperación de la actividad económica internacional vuelva a disparar las cotizaciones, la apuesta por las renovables mantiene toda su vigencia. A pesar de que su gestión, como afirma el presidente de la compañía Red Eléctrica, Luis Atienza, no sea fácil. Un ejemplo: el pasado 19 de mayo, en pleno anticiclón, los más de 16.000 megavatios eólicos instalados sólo produjeron 300. "La variabilidad" en la producción de los parques eólicos, explica Atienza, oscila entre el 43% y el 1% de la demanda. Todo un reto de gestión. Pese a las dificultades, las inversiones y el riesgo de especulación, las renovables son el futuro. Para los escépticos, un dato: Abu Dhabi, sobre un océano de petróleo, quiere acoger la sede de una agencia internacional para las energías renovables.

          La dependencia es una losa

          España es muy dependiente energéticamente. En el último año, el grado de autoabastecimiento ha sido del 21,6%, según datos oficiales. Y en esa situación, salta el debate entre pronucleares y antinucleares y la polémica en torno a las energías renovables y su coste.

          La Fundación Ideas, que dirige el ex ministro socialista Jesús Caldera, ha elaborado un estudio en el que aboga por cerrar las nucleares en España a medida que agoten su vida útil. Es una posición que puede chocar con Industria, y claramente enfrentada a lo que defienden las empresas energéticas. "Sólo faltaba", señala un destacado ejecutivo del sector, "que la política entre de lleno en el debate y los dos grandes partidos se aferren, uno a la defensa de las nucleares y el otro a la defensa de las renovables. Sería un desastre". Porque, por el momento, la idea más extendida es que el Ejecutivo acabará por aprobar una prolongación de la vida útil de las nucleares para salvaguardar el 18% del suministro que suponen.

          En palabras -"a título personal"- del presidente de Red Eléctrica de España, Luis Atienza, extender la vida útil de una central como la de Garoña "tiene sentido económico". Y es que, como explica el secretario de Estado Pedro Marín, "el problema de nuestra dependencia energética del exterior pesa como una losa sobre nuestra economía y hay que resolverlo". "Vamos a atajarlo", asegura, "por una doble vía: de una parte, conteniendo el consumo energético, para lo que nos hemos centrado en políticas de eficiencia energética, y de otra, incrementando la producción energética nacional. Nuestro territorio no es rico en combustibles fósiles, por lo que las energías renovables deben desempeñar un papel esencial en el futuro energético".

          Pero como en la guerra todo vale, el Instituto Juan de Mariana (Universidad Rey Juan Carlos) ha elaborado un documento en el que sostiene que por cada cuatro empleos que se creen en la economía verde que defiende el nuevo presidente de EE UU, se destruirán nueve. Más madera.

          La terminología

          - Eólica. Energía generada por el viento. Los aerogeneradores transforman en eléctrica la energía cinética procedente de las corrientes de aire.

          - Cogeneración. Procedimiento por el que se obtiene, al mismo tiempo, electricidad y calor útil.

          - Termosolar. Sistema por el que se concentra la energía solar, mediante espejos, para producir vapor capaz de mover una turbina.

          - Fotovoltaica. Se obtiene electricidad mediante paneles con dispositivos semiconductores que reaccionan a la radiación solar.

          - Biomasa. Obtenida a partir de residuos y plantas. Bien por conversión en etanol o bien mediante combustión.

          - Ciclo combinado. No forma parte de la tecnología renovable, pero ha sido la gran apuesta en los últimos años en España para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las centrales así denominadas queman gas natural. Utilizan las altas temperaturas generadas en la turbina de gas para alimentar una turbina de vapor.

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          Dodge Ram SRT10

          Ayer fue desvelado por el Gobierno estadounidense el nuevo plan de regulación de emisiones de los vehículos comercializados en EEUU. Los fabricantes deberán ponerse lamnos a la obra cuanto antes puesto que la medida ha cogido en fuera de juego a más de uno que tiene excedentes de motores gordos.

          Los fabricantes deberán adaptar sus gamas para que la media de emisiones de todos sus vehículos no superen las 35.5 mpg, que vienen a ser aproximadamente 6.6 l/100 kmregulados bajo el ciclo norteamericano de homologación. Según la propia administración, la adecuación a estas medias supondrá un incremento medio en el precio de unos 1.300 dólares.


          Desmenuzando por sectores, los turimos no deberán superar una media de consumo de 39 mpg (6 l/100 km) mientras que las furgonetas y comerciales ligeros (este término difiere mucho del concepto europeo de comercial ligero) deberá estar por debajo de las 30 mpg (7.85 l/100km).

          Viendo los enormes consumos que tienen muchos de los modelos vendidos allí, parece una tarea ardua y difícil. Se presenta peor para los fabricantes norteamericanos, ya que son los que mayor uso de motores gastones tienen en sus catálogos. Los fabricantes japoneses y europeos también usan enormes motores pero se compensan en parte por otros más eficientes de los que los americanos carecen.

          Alcance de la noticia: EEUU
          Referido: Detroit News
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