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          ¿Demasiadas renovables o demasiado caras?

          ¿Demasiadas renovables o demasiado caras?

          El Gobierno pone coto a nuevos proyectos de energías limpias para evitar burbujas especulativas - Las pequeñas empresas creen que los grandes grupos han ganado la partida

          SANTIAGO CARCAR 26/05/2009

          La mitad de la electricidad que se produce en España procede de fuentes que prácticamente no existían hace una década: molinos de viento, centrales que queman gas e instalaciones de cogeneración (producen calor y electricidad a la vez). Más aún: el pasado año, la quinta parte de la producción neta de electricidad (20,5%, de acuerdo con las cifras del Instituto de Diversificación y Ahorro Energético) fue limpia. Como entre 1995 y 2008, en un país que carece de combustibles fósiles, la demanda eléctrica creció un 90%, el resultado puede calificarse de espectacular. Las energías renovables, y especialmente la energía eólica, están detrás de ese cambio que ha llamado incluso la atención de la nueva Administración estadounidense. Pero, ¿a qué precio se paga el éxito?

          El porcentaje de renovables respecto al consumo total ha crecido poco

          La asociación APPA cree que una mano negra guía los planes de Industria

          En euros, las renovables costaron a todos los usuarios en 2008 más de 3.300 millones de euros en primas. Los datos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) especifican que 1.144 millones fueron a la energía eólica, 968 millones a la solar, 716 millones a la cogeneración y el resto a la hidráulica, la biomasa y el tratamiento de residuos. Un reparto polémico. La razón es que dos tecnologías, la eólica y la fotovoltaica, se llevan dos tercios. Pero una, la eólica, produce mucho más que la otra. En 2008, los molinos de viento (16.549 megavatios de potencia instalada) cubrieron aproximadamente el 11% de la demanda, con puntas de producción de hasta el 30% (11.200 megavatios, según datos de Red Eléctrica). La energía solar fotovoltaica, con 3.120 megavatios de potencia instalada en 2008, seis veces más que en 2007, tiene como horizonte lejano alcanzar una producción del 1%.

          La conclusión a la que ha llegado el Ministerio de Industria es que en determinadas tecnologías se ha creado una burbuja especulativa insostenible, con crecimientos de hasta el 450% anual como sucedió en el negocio fotovoltaico hace un año. Y hay que cortar por lo sano. En septiembre pasado, Industria revisó el pago de primas en el sector de la energía solar y este mismo mes, con un real decreto ley que ha sido convalidado en el Congreso con el apoyo de PSOE, CiU y PNV, ha decidido sujetar las riendas con más firmeza aún. Todos los proyectos de energías renovables tendrán que inscribirse en un registro y probar con documentos que cuentan con permisos, financiación (al menos del 50% del proyecto) y con los equipos necesarios antes de solicitar apoyos.

          El resumen de la situación, desde el punto de vista del Gobierno, está recogido en el decreto aprobado. Según el texto de la norma, la tendencia que siguen las tecnologías renovables "podría poner en riesgo, en el corto plazo, la sostenibilidad del sistema, tanto desde el punto de vista económico por su impacto en la tarifa eléctrica como desde el punto de vista técnico". Traducido, el párrafo quiere decir que el Gobierno cree que determinadas tecnologías encarecen el recibo de la luz, fomentan la especulación y dificultan la circulación de la energía por la red eléctrica.

          ¿Tiene razón el Gobierno? Sólo en parte. Porque la mayor parte del déficit entre ingresos y gastos del sistema eléctrico (16.000 millones de euros) se debe a dos hechos que discurrieron en paralelo: mientras el precio del petróleo pasó de 20 a 147 dólares en cinco años (de 2003 a 2008), el recibo de la luz se rebajó un 26% de 2000 a 2004. Y desde entonces, creció al ritmo de la inflación.

          Javier García Breva, director general de Solynova Energía, ex director del IDAE y ex diputado socialista, cuestiona la decisión de Industria por "incoherente". Representante de una de las 1.300 empresas que trabajan en el sector de la energía solar, cree que las renovables en general, y la energía fotovoltaica en particular, no son actividades económicamente sospechosas. "En la tarifa eléctrica", sostiene García Breva, "hay cargas, desde impuestos autonómicos, a la gestión de residuos nucleares", que han contribuido a descompensar el sistema más que las renovables. "El Ministerio de Industria y el Ministerio de Economía", prosigue, "jamás han reconocido que consumir renovables sea beneficioso para el país". Más aún, precisa, "pese al aparente esfuerzo realizado, en 2003 el consumo de energía primaria [término estadístico que contabiliza la energía antes de su transformación] cubierto con renovables llegó al 7% y hoy sólo llega al 7,6%". Conclusión: hay que invertir más, apoyando a todas las tecnologías y no sólo a aquellas que, probadas y con éxito, están siendo desarrolladas por grandes grupos empresariales.

          Porque los números cantan. Según un estudio realizado por Deloitte para la Asociación Empresarial Eólica (AEE) -en la que se integran los señores de los molinos, como Iberdrola o Endesa-, una vez hecha la cuenta de primas cobradas (950 millones), toneladas de gases de efecto invernadero no emitidas (20 millones), importaciones de petróleo no realizadas (500 millones de toneladas equivalentes de petróleo, tep) y exportaciones logradas (2.500 millones), el negocio se puede calificar de redondo.

          Son datos más que interesantes para un país con un déficit comercial de 94.000 millones de euros (año 2008), de los cuales el 47% corresponde a importaciones de gas y de petróleo. Y más que importantes si se tiene en cuenta que España depende en un 80% del exterior para su abastecimiento de energía y es el país europeo que más se aleja del cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto.

          "Lo mismo que tenemos un mix de generación de electricidad diversificado [nucleares, centrales térmicas y renovables]", dice García Breva, "habría que apostar por una cesta de renovables también diversificada". Aunque no lo dice, el directivo de Solynova Energía desliza así una idea más que asentada entre las empresas -1.300 según los registros- que tratan de hacer negocio con la energía solar: que los grandes grupos (Iberdrola, Acciona, Endesa, Abengoa...) han logrado llevar el agua a su molino en Industria, cortando las expectativas de los que tratan de ir por libre.

          El consejero delegado de Iberdrola Renovables, Xavier Viteri, no comparte esta idea. En su opinión, el real decreto aprobado por el Gobierno, con la obligación de registro previo de proyectos de renovables, "garantiza el crecimiento ordenado del sector" y el derecho a la retribución "de aquellas empresas que hayan hecho bien las cosas y que tengan idea de persistir".

          En opinión de Viteri, está fuera de toda duda que tiene que haber apoyo a las renovables. Porque lo contrario sería suicida. Viteri conoce al dedillo las tesis del economista Nicholas Stern en el estudio que realizó en 2006 para el Reino Unido. Stern defendía la necesidad de invertir el equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático porque, de no hacerlo, el mundo se expondría a una recesión cercana al 20% del PIB.

          España, asegura Esteban Morrás, el primer ejecutivo de Acciona Energía, debe de tomarse en serio el desafío. "Podemos tener una posición de liderazgo", aunque "es importante determinar dónde está el sector" para que el Ejecutivo determine "nuevos objetivos e incentivos". Acciona, como las grandes del sector, cree que las decisiones de Industria van en dirección correcta.

          Todo lo contrario de lo que cree la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) y Greenpeace. Ambas organizaciones presentaron esta misma semana un anteproyecto de ley para el fomento de las energías renovables que propone alcanzar en 2020 el 30% de renovables sobre el consumo final bruto.

          Tanto el presidente de APPA, José María González Vélez, como el presidente de Greenpeace, Juan López de Uralde, creen que el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y su secretario de Estado de Energía, Pedro Marín, se equivocan en sus planteamientos al limitar el desarrollo de buena parte del sector. González Vélez piensa incluso que la política de Sebastián responde al movimiento de "alguna mano negra que no quiere que avancen las renovables para que funcionen los ciclos combinados [centrales de gas]".

          Con el precio del petróleo al alza -en torno a 60 dólares por barril, el máximo de seis meses- y el temor a que una próxima recuperación de la actividad económica internacional vuelva a disparar las cotizaciones, la apuesta por las renovables mantiene toda su vigencia. A pesar de que su gestión, como afirma el presidente de la compañía Red Eléctrica, Luis Atienza, no sea fácil. Un ejemplo: el pasado 19 de mayo, en pleno anticiclón, los más de 16.000 megavatios eólicos instalados sólo produjeron 300. "La variabilidad" en la producción de los parques eólicos, explica Atienza, oscila entre el 43% y el 1% de la demanda. Todo un reto de gestión. Pese a las dificultades, las inversiones y el riesgo de especulación, las renovables son el futuro. Para los escépticos, un dato: Abu Dhabi, sobre un océano de petróleo, quiere acoger la sede de una agencia internacional para las energías renovables.

          La dependencia es una losa

          España es muy dependiente energéticamente. En el último año, el grado de autoabastecimiento ha sido del 21,6%, según datos oficiales. Y en esa situación, salta el debate entre pronucleares y antinucleares y la polémica en torno a las energías renovables y su coste.

          La Fundación Ideas, que dirige el ex ministro socialista Jesús Caldera, ha elaborado un estudio en el que aboga por cerrar las nucleares en España a medida que agoten su vida útil. Es una posición que puede chocar con Industria, y claramente enfrentada a lo que defienden las empresas energéticas. "Sólo faltaba", señala un destacado ejecutivo del sector, "que la política entre de lleno en el debate y los dos grandes partidos se aferren, uno a la defensa de las nucleares y el otro a la defensa de las renovables. Sería un desastre". Porque, por el momento, la idea más extendida es que el Ejecutivo acabará por aprobar una prolongación de la vida útil de las nucleares para salvaguardar el 18% del suministro que suponen.

          En palabras -"a título personal"- del presidente de Red Eléctrica de España, Luis Atienza, extender la vida útil de una central como la de Garoña "tiene sentido económico". Y es que, como explica el secretario de Estado Pedro Marín, "el problema de nuestra dependencia energética del exterior pesa como una losa sobre nuestra economía y hay que resolverlo". "Vamos a atajarlo", asegura, "por una doble vía: de una parte, conteniendo el consumo energético, para lo que nos hemos centrado en políticas de eficiencia energética, y de otra, incrementando la producción energética nacional. Nuestro territorio no es rico en combustibles fósiles, por lo que las energías renovables deben desempeñar un papel esencial en el futuro energético".

          Pero como en la guerra todo vale, el Instituto Juan de Mariana (Universidad Rey Juan Carlos) ha elaborado un documento en el que sostiene que por cada cuatro empleos que se creen en la economía verde que defiende el nuevo presidente de EE UU, se destruirán nueve. Más madera.

          La terminología

          - Eólica. Energía generada por el viento. Los aerogeneradores transforman en eléctrica la energía cinética procedente de las corrientes de aire.

          - Cogeneración. Procedimiento por el que se obtiene, al mismo tiempo, electricidad y calor útil.

          - Termosolar. Sistema por el que se concentra la energía solar, mediante espejos, para producir vapor capaz de mover una turbina.

          - Fotovoltaica. Se obtiene electricidad mediante paneles con dispositivos semiconductores que reaccionan a la radiación solar.

          - Biomasa. Obtenida a partir de residuos y plantas. Bien por conversión en etanol o bien mediante combustión.

          - Ciclo combinado. No forma parte de la tecnología renovable, pero ha sido la gran apuesta en los últimos años en España para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las centrales así denominadas queman gas natural. Utilizan las altas temperaturas generadas en la turbina de gas para alimentar una turbina de vapor.

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          Obama impone los 6.6 l/100 km en 2016

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          Dodge Ram SRT10

          Ayer fue desvelado por el Gobierno estadounidense el nuevo plan de regulación de emisiones de los vehículos comercializados en EEUU. Los fabricantes deberán ponerse lamnos a la obra cuanto antes puesto que la medida ha cogido en fuera de juego a más de uno que tiene excedentes de motores gordos.

          Los fabricantes deberán adaptar sus gamas para que la media de emisiones de todos sus vehículos no superen las 35.5 mpg, que vienen a ser aproximadamente 6.6 l/100 kmregulados bajo el ciclo norteamericano de homologación. Según la propia administración, la adecuación a estas medias supondrá un incremento medio en el precio de unos 1.300 dólares.


          Desmenuzando por sectores, los turimos no deberán superar una media de consumo de 39 mpg (6 l/100 km) mientras que las furgonetas y comerciales ligeros (este término difiere mucho del concepto europeo de comercial ligero) deberá estar por debajo de las 30 mpg (7.85 l/100km).

          Viendo los enormes consumos que tienen muchos de los modelos vendidos allí, parece una tarea ardua y difícil. Se presenta peor para los fabricantes norteamericanos, ya que son los que mayor uso de motores gastones tienen en sus catálogos. Los fabricantes japoneses y europeos también usan enormes motores pero se compensan en parte por otros más eficientes de los que los americanos carecen.

          Alcance de la noticia: EEUU
          Referido: Detroit News
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          Maldita memoria

          Maldita memoria

          Me encantaba mi último teléfono móvil. Casi había logrado sacarle todo el provecho que tenía. Sin embargo lo he cambiado por otro más nuevo. Pero no lo he hecho por afán de consumo ni porque ofrezca otras cosas. Hace cuatro o cinco teléfonos ya estaba contento con el que tenía: marcaba el número, pulsaba la tecla verde y hablaba. ¿Por qué cambio tanto de móvil? Pues como creo que todo el mundo: porque con programa de puntos sale muy barato o gratis y sobre todo, porque la batería ya no carga y ya no dura casi nada. Dicen los vendedores que en cosa de año y medio la pila tiene tal “efecto memoria” que queda inservible. Y como la pila casi vale más que el teléfono, es más rentable cambiarlo. Y de paso, como son pequeñitos, los colecciono. Hasta tengo uno de los años noventa (el primero que tuve, cuando juraba que nunca me compraría un móvil) que es mas grande que el mando a distancia de la TV. ¡Y no hacía fotos!

          Me está pasando lo mismo con una cámara de vídeo que compré en el año 2000, con las pilas de la cámara de fotos y con la batería del ordenador portátil. Las pilas de otros aparatos, (que si uno se fija, son muchos) funcionan con pilas normales recargables.
          Por supuesto, se acuerdan de mi porque tienen “memoria” y cada vez duran menos tras su recarga.

          Ahora dicen que para salvar el planeta hay que usar coches eléctricos. No se engañen, funcionan con baterías, como todo lo anterior. Y creo, estoy convencido, que no se ha solucionado el tema del “efecto memoria”. Dicen que no dependeremos del petróleo y de los países que lo producen. No nos dicen que dependeremos de los que tengan la materia prima de las pilas. No sé como se fabrican y reciclan las pilas ni me lo han contado. ¿Lo sabe usted? ¿La fabricación y reciclaje de pilas y baterías contamina menos que otras energías?

          Así que, a lo mejor, cuando compremos un coche eléctrico habrá que suscribirse a un programa de puntos para que cuando las baterías del vehículo ya no carguen,
          nos den un coche nuevo por el morro. Un nuevo coche de Telefónica, Orange o Vodafone, como los teléfonos móviles. Limpito y con buen rollito ecológico.
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          Motor de combustión interna magnético

          Motor de combustión interna magnético

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          Las ideas sobre nuevos tipos de motores no paran de desarrollarse, no es para menos, ya que tenemos que hacernos a la idea de que tarde o temprano la gasolina pasará a la historia. Mientras tanto solo podemos ser observadores de hacia dónde se dirigen esas ideas, la última que nos llega es por parte de Bill Gates.

          Así es. Después de haber abandonado sus tareas en Microsoft, el archimillonario Bill tenía que ocupar en algo su tiempo, y junto con un grupo de personas entre los que se encuentraNathan Myhrvold han patentado este pasado viernes un nuevo modelo de motor.

          El motor en cuestión funcionaría con algún tipo de combustible no especificado en la patente, aunque si barajan la posibilidad de unos inyectores de plasma, ya que este estado de la materia posee propiedades electromagnéticas. Además este motor posee dos tipos de variantes: un diseño con pistones libres y otro diseño con pistones opuestos.

          El pistón se acopla a unos electroimanes que lo repelen cuando se encuentra en la parte opuesta a los inyectores lanzándolo hacia arriba, donde se produce una explosión por medio de una bujía que lanza de nuevo al pistón hacía abajo.

          De esta manera cada vez que el pistón pasa por medio de la bobina se consigue generar energía, la cual seria almacenada en algún dispositivo. El principio de la idea no está mal, aunque les quedan determinados puntos por pulir un poco más. Veremos si Mr. Gates consigue llegar a algo viable con este proyecto y ser más asquerosamente rico.

           

          Vía: Motorpasión

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          Proponen prohibir la venta de vehículos a gasolina en Noruega a partir del 2015

          Proponen prohibir la venta de vehículos a gasolina en Noruega a partir del 2015

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          Al igual que Suecia, el partido socialista noruego propondrá la prohibición de que se vendan vehículos en su país impulsados con cualquier combustible fósil, a partir del año 2015 según informa Automotive News.

          A pesar de que el proyecto tiene el previsible apoyo de los sectores ecologistas, nada menos que el primer ministro del país, Jens Stoltenberg entre otros, está en contra ya que Noruega es el sexto exportador mundial de petróleo (quinto en esta tabla).

          Creo que todavía quedan unos cuantos años por delante antes de abandonar por completo el uso de la gasolina y sus derivados; el 85% de los vehículos en el mundo funcionan a gasolina.

          Pero hay algo más en lo que no se ha pensado: las marcas lo tomarían como excusa para pedir más dinero o el perdón de deudas a los gobiernos, en el afán de desarrollar más rápido motores con otros combustibles.

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          Huertas de sol

          Huertas de sol

          Pasear por una huerta solar es hacerlo a la sombra de inmensos paneles distribuidos de manera cartesiana en una gran explanada yerma. Entre los pasillos reina el silencio absoluto y el instinto empuja a mirar al cielo en busca del sol. Sus rayos no se ven pero se sabe que quedan atrapados en la alfombra artificial y giratoria que conforman los seguidores. En ellos se transforma la energía solar en energía eléctrica. Un proceso que se logra sin generar residuos y mediante un medido impacto ambiental -paisajístico sobre todo-. Se trata de una nueva tecnología que precisa aún de numerosas hectáreas para conseguir los vatios destinados a la red eléctrica general; la rentabilidad se calcula a largo plazo y son necesarias ayudas públicas para renovar el sistema. Pero la humanidad inaugura el siglo XXI sabiendo cómo recolectar la energía que ofrece el sol todos los días.

          Ruben García Blázquez

          La luz que mueve electrones

          El Sol envía a la Tierra energía luminosa en forma de fotones, partículas portadoras de la radiación electromagnética capaces de generar el efecto fotovoltaico. Al impactar sobre la superficie de cada una de las celdas de los paneles solares, los electrones del silicio que las conforman se excitan y escapan de su posición, produciendo una energía que circula en forma de electricidad. Las celdas se conectan entre sí en un circuito en serie, lo que aumenta su tensión.

          Ruben García Blázquez
          Ruben García Blázquez

          Seguidores del sol del alba al anochecer

          Ancladas sobre una columna, las estructuras horizontales pueden alcanzar los ochenta metros cuadraros, y a pesar de sus 1.700 kilos se mueven siguiendo el movimiento del sol. La superficie no supera temperaturas de 25 grados centígrados y está preparada para soportar vientos de 80 kilómetros a la hora. La energía discurre en paralelo en los módulos que la conducen hacia el inversor.

          Ruben García Blázquez
          Ruben García Blázquez

          Inversores de continua a alterna

          En la corona de la columna la alta tecnología se materializa en tarjetas de control que invierten la corriente de naturaleza continua a alterna. Esta modificación es necesaria para que la energía se integre inmediata y directamente en la red eléctrica.

          Ruben García Blázquez

          Contadores y mantenimiento

          Dispuesta entre grupos de ocho terrazas reflectantes se encuentra una caseta de contadores para cada uno de los seguidores solares. Es allí donde se registran los kilovatios generados y enviados a la red. La actividad no depende del calor y ni siquiera de las horas de sol, sino de la radiación solar que alcanza a los paneles. Una huerta de 800 seguidores del sol consigue generar una media de 14,28 kilovatios a la hora anuales. Es decir, la energía necesaria para el consumo de 6.500 hogares. Los estudios aseguran que evita la emisión de 13.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2), lo que equivale al trabajo depurativo que se lograría con un bosque de ochocientos mil árboles.

          Ruben García Blázquez

          Subestación eléctrica

          A pocos metros de la huerta solar se erige una subestación eléctrica que adapta el nivel de tensión para inyectar la electricidad generada en la red general. El usuario no percibe ningún cambio en el servicio eléctrico que recibe, pero sabe que cada kilovatio que produce el generador fotovoltaico es uno menos que generarán las centrales contaminantes.

          Ruben García Blázquez

          Huertas en edificios

          En la búsqueda del desarrollo sostenible y para apoyar las fuentes limpias de energía, el Código Técnico de la Edificación aprobado en 2006 y modificado en 2007 obliga a instalar paneles solares en edificios nuevos. No se trata de generadores de energía fotovoltaica sino termoeléctricos: utilizan la radiación del sol para conseguir agua caliente sanitaria. También cabe la posibilidad de trasladar la tecnología de las huertas a los edificios. Varía su escala y la producción, pero el sistema está igualmente conectado a la red en paralelo y la electricidad producida se vende también a la red. Se calcula que este tipo de infraestructuras tienen una vida útil de 30 años siempre que se realicen las labores de mantenimiento preventivo y correctivo estipuladas.

          Ruben García Blázquez
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          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos

          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos


          @Alfredo Muñiz - 08/03/2009 06:00h

          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos

          La energía solar se ha convertido en una peligrosa quimera para los optimistas inversores que confiaron en las expectativas creadas por el Gobierno de Zapatero y en los avispados promotores que prometieron negocios redondos. El inversor final compraba su huerto solar con un crédito del 80 % sobre la operación, atraído por una rentabilidad futura del 15 % sobre la parte que ponía de su bolsillo. Sin contar con que hasta los próximos 12 años no podría hacer caja, ya que primero tendría que pagar los intereses y amortizar el préstamo. “Se trata de inversiones con alto grado de apalancamiento donde el flujo de caja llega del año 10 al 15”, declara a este diario un experto en el tema. Por otro lado, en determinados casos los parques no han generado los Kw. previstos en el estudio de viabilidad presentado al cliente. Por tanto, la rentabilidad no ha sido la esperada y los inversores quedan pillados en plena recesión. 

          En 2006 las acciones de las compañías relacionadas con el sector subían en Bolsa como la espuma y, aunque algunos expertos aconsejaban prudencia, no había astuto “financiero” de nuevo cuño que no recomendara comprar un huertito solar. Todo era optimismo para construir unos castillos en el aire que se desmoronan ante las nuevas circunstancias. Ahora llegan los cupos para el crecimiento, los recortes de primas en el precio del megavatio, y los inversores desesperados al no poder hacer frente a sus créditos. Para más INRI, los bancos ya no son tan alegres. En el caso de los promotores de los huertos antes les financiaban hasta el 100% y tomaban como garantía el propio negocio. En la época de vacas flacas financian el 60% a los más pudientes. Claro que antaño el promotor vendía el business por el triple de su coste real. Los suculentos márgenes, las subvenciones y los incentivos fiscales constituían argumentos fiables para animar a los alegres capitalistas que soñaban con hacer realidad el cuento de la lechera. Ahora al ver disminuir sus beneficios algunos prestamistas han  pasado de dar crédito a precios de ganga a cobrar un TAE que supera el 14 por ciento. Encima piden más garantías y si el solicitante no las puede aportar cortan el crédito. El negocio es lo primero. 

          En los buenos tiempos Solaria, Fersa, Acciona, Iberdrola, Sacyr (a través de Valoriza Energía), Abengoa o BP Solar hacían su agosto. Pero la “burbuja especulativa” de los huertitos solares estalló. El boom de las renovables comenzó a regularse de forma más racional, para unos, y más puñetera, para otros. Así fue como en el pasado ejercicio se puso fin a las ilusiones de miles de accionistas cortoplacistas.

           

          Por un lado, el ministro de Industria Miguel Sebastián consideró que era necesario rebajar la prima a la energía solar a 33 céntimos por kilovatio en el caso de los paneles en tejado y a 29 céntimos para los huertos solares en tierra. Y como en el cuento de la alegre lechera el cántaro se rompió con un adiós a las condiciones pactadas en 2006 cuando una planta solar de 100 Kw. se beneficiaba de una bonificación de tarifa del 575% los 25 primeros años de explotación y del 460% los siguientes. In the good old days se estimaba una vida útil por planta de unos 40 años y se subvencionaba la producción fotovoltaica a 45 céntimos por kilovatio.

           

          En estos momentos “Vale más un buen aval que las ideas sostenibles de antaño” y el lema “Todo lo que necesitas es un huertito con sol” se ha convertido en “Todo lo que necesitas es cash”. La triste realidad nos desvela que con la recesión hasta los italianos pactan con Sarkozy para volver a la energía nuclear. Entretanto, los grandes consumidores españoles llegan a acuerdos con los franceses para importar électricité del país vecino.

           

          Sebastián provoca “cortocircuitos”

           

          Por si la situación no fuera lo suficientemente caótica, las industrias beneficiadas por la tarifa eléctrica G4 tendrán que soportar unos incrementos insostenibles en el recibo de la luz. Así se prevé que Arcelor Mittal pague un plus superior a unos 20 millones de euros en la “facturita” del primer semestre de 2009. Ante las “amenazas” de deslocalización y los posibles expedientes de regulación de empleo, en los ambientes socialistas suena el runrún de que: “Algo se podrá renegociar en el precio”.

           

          En cuanto a la esperanza fotovoltaica, en su día Industria justificó los cambios en las primas en la intención de evitar la especulación en el sector. La nueva regulación pretendía evitar la instalación masiva de parques solares y un incremento excesivo de la tarifas eléctricas causado por la primas a la producción. Así como intentar palear el problema del déficit de tarifa de las eléctricas.

           

          Por todo ello, a partir del 1 de octubre del pasado ejercicio entró en vigor la actual normativa para los huertos solares. Pero ahí no termina la debacle, se vaticina que a partir de 2010 se reducirán anualmente las primas alrededor de un 5 %. Y entre otras amenazas se barajan el encarecimiento de las materias primas y de los suministros de equipos, debido al cierre de algunos fabricantes. Además de los pequeños inversores y los productores de energía solar han salido especialmente perjudicados los promotores de los parques, y los fabricantes de las placas que se han visto obligados a aplicar tijeretazos. El asunto afecta a miles de puestos de trabajo.

           

          Distintos grupos ecologistas y sindicales ponen el grito en el cielo y arremeten contra los cambios de la política energética, critican al ministro Sebastián de haber mandado mensajes optimistas para crear expectativas de futuro en un sector que luego cortó en seco. CCOO, Ecologistas en Acción, Greenpeace, UGT y WWF-Adena son algunos de los críticos con la actuación del Gobierno. Sin embargo, donde manda patrón no manda marinero y, ante las circunstancias, la cacareada lucha contra el cambio climático también queda en el tintero.C´est la vie.

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          Vehículos eléctricos o de hidrógenoEl sueño de un coche ecológico coge velocidad

          El coche eléctrico se afianza como la mejor opción de transporte limpio y en dos años se podrán elegir varios modelos en el mercado

          Conducir contaminando menos, con un vehículo ecológico de emisiones cero era hasta hace poco una utopía. Los dos candidatos más serios para sustituir a los coches de gasolina, los vehículos eléctricos y los de hidrógeno, se enfrentaban a serios obstáculos. Baterías de poca potencia y autonomía, por un lado, y la imposibilidad de obtener hidrógeno a un precio asumible, por otro. Sin embargo, en el último año, el coche de baterías eléctricas ha tomado la delantera en esta carrera para conseguir un automóvil 'verde'. En dos años, cualquiera que lo desee dispondrá de varios modelos de este tipo de vehículo en el mercado.

          Los dispositivos que han revolucionado el sector de la automoción desde el punto de vista ecológico han sido las baterías de ion-litio que usan tanto los teléfonos móviles como los ordenadores. Sus principales cualidades -son más ligeras y potentes- han impulsado la ventaja de los automóviles eléctricos frente a los de hidrógeno. Ya el pasado año se crearon diferentes modelos en los que se incorporaron estas baterías y aun siendo vehículos menos potentes que los de gasolina, alcanzaron velocidades de hasta 160 kilómetros hora.

          Recargar es más barato que repostar

          No obstante y a pesar de los avances, la autonomía de la batería sigue siendo uno de los puntos débiles de estos vehículos, y una de las razones por las que no acaban de convencer al conductor medio. Puesto que sólo se puede circular con la batería entre 60 y 160 kilómetros, dependiendo del modelo y la velocidad, en muchos casos se incorpora un motor de gasolina para poder seguir circulando -son los llamados "híbridos"-. En algunos casos, el motor de gasolina también permite recargar las baterías en marcha. Otro de los principales inconvenientes es que estas baterías no se han abaratado y son caras, lo que repercute en el precio final. En estos momentos, los coches eléctricos más económicos cuestan de partida entre 15.000 y 16.000 euros y son los que tienen menor autonomía (menos de 100 kilómetros). A mayor autonomía y potencia, mayor precio.

          La ventaja se halla en el coste de la recarga, que se realizará en pocas horas y con un enchufe doméstico. Será más barato que repostar gasolina, sobre todo en una situación como la actual, en la que el petróleo es cada vez más escaso y por lo tanto, más caro. Con las actuales tarifas, recargar las baterías de un coche eléctrico sale por la cuarta parte de lo que cuesta llenar el depósito de gasolina: el litro de gasolina se acerca al euro, mientras que el equivalente en electricidad son 21 céntimos de euro.

          Los vehículos de hidrógeno, sin embargo, no han encontrado aún la forma de abaratar los precios. El motor de combustión de hidrógeno es más potente que la alternativa eléctrica, y resulta mucho más rápido llenar el depósito que recargar las baterías eléctricas. Pero el precio está lejos de ser competitivo: a ocho euros el kilo de hidrógeno llenar el depósito de uno de los últimos prototipos, el Hydrogen 7, cuesta 64 euros.

          El reto de la infraestructura

          Entre los problemas técnicos más importantes a los que se enfrenta la creación de un vehículo de hidrógeno destaca la forma de diseñar toda la infraestructura de distribución y almacenaje del combustible. De momento, existen muy pocas dispensadoras de hidrógeno o hidrogeneras pero numerosos expertos coinciden en que ésta sería la solución: crear tuberías de distribución, tanques para almacenar hidrógeno líquido y una flota para su transporte seguro. Es decir, una transformación radical en la industria y el transporte jamás vista en la historia que exigiría una inversión multimillonaria.

          Los coches híbridos incorporan un motor de gasolina para superar las limitaciones de la batería de los coches eléctricos

          De llevarse a cabo esta iniciativa, quedaría por resolver el principal inconveniente para los usuarios: la obtención de hidrógeno a un coste bajo. A pesar de que la fuente del hidrógeno es el agua, un recurso abundante en el planeta, su obtención a través de la electrolisis es un proceso caro y con un requerimiento energético alto -se necesita la misma energía para obtener el hidrógeno que la que después producirá con él-. Se podría utilizar carbón para obtener la energía necesaria que requiere la electrolisis pero en ese caso no se estaría avanzando en la tarea de reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente. Y si se opta por el uso de la electricidad, el sistema no es tan eficiente: es más conveniente destinar la electricidad a la carga de las baterías de un coche que a producir hidrógeno para alimentar una celda de combustible que genere de nuevo electricidad para mover un coche. Así lo constataba en un informe de 2006 uno de los investigadores de la European Fuell Cell Forum, una organización que apoya el desarrollo de células de combustible.

          Entre las alternativas a la electrolisis, se estudia la obtención de hidrógeno de otras fuentes, como el etanol o el metano, gracias al uso de catalizadores y células de combustible. El catalizador permitiría transformar, en el mismo automóvil, el etanol o el metano en hidrógeno, el hidrógeno pasaría a la célula de combustible y ésta generaría la electricidad suficiente para mover el coche. Este sistema, sin embargo, no es tan limpio desde el punto de vista medioambiental de emisiones. Tampoco evita la dependencia de un combustible, aunque sí la necesidad de crear toda la infraestructura de distribución de hidrógeno.

          Otra opción es la que presentó el año pasado un grupo de científicos del Massachussets Institute of Technology. Los investigadores de este prestigioso centro han creado un sistema sencillo y barato para separar el hidrógeno del agua utilizando energía solar y un nuevo catalizador de fosfato e iones de cobalto, que emula el proceso de fotosíntesis de las plantas. De implantarse sería un sistema 100% limpio pero la realidad obliga a abrir los ojos y tomar conciencia de que se trata de una apuesta prometedora que está muy lejos de llegar a comercializarse.

          La red eléctrica ya existente

          Puesto que en estos momentos las células de combustible de los vehículos de hidrógeno son muy caras y la infraestructura para distribuir el hidrógeno es anecdótica, la distribución de electricidad para los coches gana peso como una opción más cercana y real.

          Como la red ya está creada, bastaría con organizar un sistema de postes o puntos, incluso en las mismas gasolineras, donde los coches podrían enchufarse y recargarse o comprar baterías cargadas para su sustitución. En Europa y EE.UU ya hay varias empresas eléctricas que trabajan en este proyecto. Otra de las ventajas que se adjudica a la apuesta eléctrica es que permitiría aprovechar el excedente de electricidad que se genera por la noche -sobre todo el de los parques eólicos, que no se puede acumular-. Así, el usuario dispondría de las dos opciones: enchufar su coche por la noche o, en caso de necesidad, sustituir la batería consumida por otra recargada.

          Ahora bien, aunque los coches eléctricos parecen ser la apuesta más cercana para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, este esfuerzo no serviría de nada si con el fin de obtener la electricidad se siguiera recurriendo a combustibles fósiles. ¿Están preparadas las fuentes renovables para alimentar un número creciente de coches eléctricos? ¿hay suficiente electricidad para lograr este fin? Hay quien asegura que no pero también quienes opinan lo contrario. En los EE.UU, el Instituto de Investigación para la Electricidad de Palo Alto, una institución sin ánimo de lucro, previó que si en el año 2050 se consiguiera que hasta el 60% de los coches del país fueran eléctricos, estos sólo consumirían el 8% de la electricidad nacional. De cualquier forma, es una hipótesis que sólo se verificará cuando llegue el momento.

          ¿Tiene futuro el hidrógeno?

          En este contexto se puede deducir que al automóvil de hidrógeno se le escapa la oportunidad de salir adelante. El año pasado, algunos ejecutivos de General Motors y Toyota dudaban sobre la viabilidad de los coches de hidrógeno a corto plazo y sugerían que sus compañías apostaban por el eléctrico como el mejor modo de reducir las emisiones a gran escala. No obstante, otros expertos apuntan que el futuro de la energía pasa por la combinación de varias fuentes. Y aunque el hidrógeno pierda el tren en el ámbito de la automoción, no hay por qué desdeñar otros nichos de aplicación. Es el caso de los sistemas estáticos, alimentados por energía solar o por metano que obtengan hidrógeno del agua y permitan cubrir las necesidades energéticas de una casa y proporcionar hidrógeno combustible para un automóvil o para la calefacción. Sistemas así no precisan de la compleja infraestructura de transporte de hidrógeno y podrían proporcionar autonomía energética a casas aisladas. Lo que todavía está por comprobar es que sean rentables desde el punto de vista económico.

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          El hidrógeno: realidad y mito

          El hidrógeno: realidad y mito

          @José M. de la Viña - 12/02/2009 06:00h

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          Hoy por fin entramos en faena. ¿Qué les parece si hablamos un poco acerca del hidrógeno? No teman. No voy a entrar en muchos tecnicismos. Si les aburro me avisan. Escribir es fácil. Escribir bien es un poco más difícil. Pero contar de forma sencilla asuntos complejos, de forma más o menos rigurosa, y que al menos lo entienda el que lo ha redactado, les puedo asegurar que es complicado. Lo vamos a intentar.

           

          El hidrógeno como gas puro no existe de forma natural en la naturaleza, no lo podemos extraer de las profundidades como el petróleo o el gas, protagonistas absolutos de la civilización troglodita (*) que nos acoge. Hay que producirlo.

           

          Hay diferentes métodos para hacerlo, no voy a entrar en ellos de momento no sea que salgan huyendo, puede que más adelante. Una vez que ya tenemos el hidrógeno lo podemos llevar donde queramos aunque la tecnología necesaria para hacerlo sea más compleja que la que utilizamos para transportar hidrocarburos, más parecida a la del gas natural. El hidrógeno se puede almacenar y transportar, bien en forma líquida a 252,8 ºCbajo cero; o bien mediante botellas de gas a una presión setenta y cinco veces superior que la atmosférica, por ejemplo, con lo que una botella con mil litros de hidrógeno gaseoso pesaría únicamente unos seis kilogramos (sin contar la botella).  

           

          Cada kilogramo de hidrógeno produce la misma energía que unos tres kilogramos de gas-oil o gasolina. Una vez en destino puede mover el autobús, coche, tren, avión o cualquier otro artefacto y a cambio suelta vapor de agua cuando se genera en células y NOX si se quema. Idílico. No. Al final lo que hemos conseguido es que los potenciales efectos nocivos se queden en el lugar de fabricación y no en el de consumo. Como con la energía eléctrica.

           

          ¿Por qué? Porque como el hidrógeno hay que fabricarlo, lo acabamos de decir, y aquí está el “pero”, y por tanto el debate. La energía del hidrógeno es tan ecológica como la fuente de energía que para ello necesita, hoy por hoy energías convencionales - incluyo aquí las renovables actuales - menos las pérdidas, muy importantes, de todo el proceso, incluida la compresión, licuefacción, transporte, almacenaje y distribución final. Y por ello siempre será más caro.

           

          Es muy fácil decir, mi hidrógeno que se fabrique con renovables, que yo soy muy ecológico. La vida real no resulta tan sencilla. En definitiva seguimos maltratando al entorno, eso sí, no lo vemos, en algún lugar desconocido para nosotros, allá donde se genera. ¿Pura hipocresía? De momento.

           

          Fabricar el hidrógeno es caro, aunque como siempre las mejoras tecnológicas y las economías de escala tenderán a reducirlos. Su rendimiento es bajo. ¿Qué es el rendimiento? Pues que para fabricar un único kilowatio de hidrógeno limpio necesitamos consumir alrededor de dos o tres kilowatios de energías convencionales (**), bien sean renovables o no. Todo un derroche.

           

          El futuro del hidrógeno

           

          Pero el hidrógeno podría tener aplicaciones muy interesantes en el futuro, no deberíamos descartarle tan rápidamente. Probablemente no será la panacea, pero algo ayudará.

           

          ¿Como? Imagínense que algún día sea posible aprovechar de forma masiva la energía de las corrientes marinas allá en alta mar, que la fusión nuclear sea una realidad o las megacentrales solares en el Sahara, alejadas de los centros de consumo. En esos casos el hidrógeno producido por cualquiera de esos métodos u otros que se pudiesen imponer, podría ser un complemento perfecto, ya que esas centrales proporcionarían energía de formamenos contaminante que se podría transformar en hidrógeno y de esta forma transportar hasta las redes dehidrolineras donde se abastecerían los vehículos. (Repetimos: menos. Todas las energías sin excepción producen contaminación y tienen efectos secundarios, de una forma u otra, en mayor o menor medida, nos guste o no nos guste).

           

          También podría ser útil para almacenar, a pesar de su elevado coste, la energía producida por las centrales domésticas durante determinados picos de producción, por ejemplo de energía eólica o solar convencional, y que la demanda del momento no pudiera absorber.

           

          Mientras tanto, y con el fin de que su tecnología pueda madurar, se debería seguir investigando para así mejorar el rendimiento del ciclo del hidrógeno y de sus aplicaciones. Para ello se deberán dedicar durante los próximos años importantes recursos. El debate no debería consistir en si se fomenta o no el hidrógeno.  El debate que sugeriría es el siguiente: ¿cómo fabricamos el hidrógeno?

           

           

          (*) Según acepción del diccionario de la RAE, el término “troglodita” significa entre otras cosas “muy comedor”. Creo que podemos aplicarle perfectamente. Somos unos devoradores de energía cada día más glotones e insaciables que acabaremos feneciendo de empacho si no tomamos medidas.

           

          (**) Para los más técnicos: el rendimiento en la fabricación hoy en día, con el método más eficiente, es del orden del 75%; el de la compresión del 80%; el de la licuefacción 60%; el del transporte 90%; y, finalmente, el del almacenamiento un 90%. Todos aproximados. Y como las pérdidas se suman, el rendimiento global de todo el proceso estaría, según cada circunstancia particular, en el entorno del 30 % al 50 % en el mejor de los casos. A la presión atmosférica, la masa del hidrógeno gaseoso es de 0,0899 kg/m3.

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