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          Proponen prohibir la venta de vehículos a gasolina en Noruega a partir del 2015

          Proponen prohibir la venta de vehículos a gasolina en Noruega a partir del 2015

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          Al igual que Suecia, el partido socialista noruego propondrá la prohibición de que se vendan vehículos en su país impulsados con cualquier combustible fósil, a partir del año 2015 según informa Automotive News.

          A pesar de que el proyecto tiene el previsible apoyo de los sectores ecologistas, nada menos que el primer ministro del país, Jens Stoltenberg entre otros, está en contra ya que Noruega es el sexto exportador mundial de petróleo (quinto en esta tabla).

          Creo que todavía quedan unos cuantos años por delante antes de abandonar por completo el uso de la gasolina y sus derivados; el 85% de los vehículos en el mundo funcionan a gasolina.

          Pero hay algo más en lo que no se ha pensado: las marcas lo tomarían como excusa para pedir más dinero o el perdón de deudas a los gobiernos, en el afán de desarrollar más rápido motores con otros combustibles.

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          Huertas de sol

          Huertas de sol

          Pasear por una huerta solar es hacerlo a la sombra de inmensos paneles distribuidos de manera cartesiana en una gran explanada yerma. Entre los pasillos reina el silencio absoluto y el instinto empuja a mirar al cielo en busca del sol. Sus rayos no se ven pero se sabe que quedan atrapados en la alfombra artificial y giratoria que conforman los seguidores. En ellos se transforma la energía solar en energía eléctrica. Un proceso que se logra sin generar residuos y mediante un medido impacto ambiental -paisajístico sobre todo-. Se trata de una nueva tecnología que precisa aún de numerosas hectáreas para conseguir los vatios destinados a la red eléctrica general; la rentabilidad se calcula a largo plazo y son necesarias ayudas públicas para renovar el sistema. Pero la humanidad inaugura el siglo XXI sabiendo cómo recolectar la energía que ofrece el sol todos los días.

          Ruben García Blázquez

          La luz que mueve electrones

          El Sol envía a la Tierra energía luminosa en forma de fotones, partículas portadoras de la radiación electromagnética capaces de generar el efecto fotovoltaico. Al impactar sobre la superficie de cada una de las celdas de los paneles solares, los electrones del silicio que las conforman se excitan y escapan de su posición, produciendo una energía que circula en forma de electricidad. Las celdas se conectan entre sí en un circuito en serie, lo que aumenta su tensión.

          Ruben García Blázquez
          Ruben García Blázquez

          Seguidores del sol del alba al anochecer

          Ancladas sobre una columna, las estructuras horizontales pueden alcanzar los ochenta metros cuadraros, y a pesar de sus 1.700 kilos se mueven siguiendo el movimiento del sol. La superficie no supera temperaturas de 25 grados centígrados y está preparada para soportar vientos de 80 kilómetros a la hora. La energía discurre en paralelo en los módulos que la conducen hacia el inversor.

          Ruben García Blázquez
          Ruben García Blázquez

          Inversores de continua a alterna

          En la corona de la columna la alta tecnología se materializa en tarjetas de control que invierten la corriente de naturaleza continua a alterna. Esta modificación es necesaria para que la energía se integre inmediata y directamente en la red eléctrica.

          Ruben García Blázquez

          Contadores y mantenimiento

          Dispuesta entre grupos de ocho terrazas reflectantes se encuentra una caseta de contadores para cada uno de los seguidores solares. Es allí donde se registran los kilovatios generados y enviados a la red. La actividad no depende del calor y ni siquiera de las horas de sol, sino de la radiación solar que alcanza a los paneles. Una huerta de 800 seguidores del sol consigue generar una media de 14,28 kilovatios a la hora anuales. Es decir, la energía necesaria para el consumo de 6.500 hogares. Los estudios aseguran que evita la emisión de 13.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2), lo que equivale al trabajo depurativo que se lograría con un bosque de ochocientos mil árboles.

          Ruben García Blázquez

          Subestación eléctrica

          A pocos metros de la huerta solar se erige una subestación eléctrica que adapta el nivel de tensión para inyectar la electricidad generada en la red general. El usuario no percibe ningún cambio en el servicio eléctrico que recibe, pero sabe que cada kilovatio que produce el generador fotovoltaico es uno menos que generarán las centrales contaminantes.

          Ruben García Blázquez

          Huertas en edificios

          En la búsqueda del desarrollo sostenible y para apoyar las fuentes limpias de energía, el Código Técnico de la Edificación aprobado en 2006 y modificado en 2007 obliga a instalar paneles solares en edificios nuevos. No se trata de generadores de energía fotovoltaica sino termoeléctricos: utilizan la radiación del sol para conseguir agua caliente sanitaria. También cabe la posibilidad de trasladar la tecnología de las huertas a los edificios. Varía su escala y la producción, pero el sistema está igualmente conectado a la red en paralelo y la electricidad producida se vende también a la red. Se calcula que este tipo de infraestructuras tienen una vida útil de 30 años siempre que se realicen las labores de mantenimiento preventivo y correctivo estipuladas.

          Ruben García Blázquez
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          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos

          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos


          @Alfredo Muñiz - 08/03/2009 06:00h

          El cuento de la lechera de los huertos fotovoltaicos

          La energía solar se ha convertido en una peligrosa quimera para los optimistas inversores que confiaron en las expectativas creadas por el Gobierno de Zapatero y en los avispados promotores que prometieron negocios redondos. El inversor final compraba su huerto solar con un crédito del 80 % sobre la operación, atraído por una rentabilidad futura del 15 % sobre la parte que ponía de su bolsillo. Sin contar con que hasta los próximos 12 años no podría hacer caja, ya que primero tendría que pagar los intereses y amortizar el préstamo. “Se trata de inversiones con alto grado de apalancamiento donde el flujo de caja llega del año 10 al 15”, declara a este diario un experto en el tema. Por otro lado, en determinados casos los parques no han generado los Kw. previstos en el estudio de viabilidad presentado al cliente. Por tanto, la rentabilidad no ha sido la esperada y los inversores quedan pillados en plena recesión. 

          En 2006 las acciones de las compañías relacionadas con el sector subían en Bolsa como la espuma y, aunque algunos expertos aconsejaban prudencia, no había astuto “financiero” de nuevo cuño que no recomendara comprar un huertito solar. Todo era optimismo para construir unos castillos en el aire que se desmoronan ante las nuevas circunstancias. Ahora llegan los cupos para el crecimiento, los recortes de primas en el precio del megavatio, y los inversores desesperados al no poder hacer frente a sus créditos. Para más INRI, los bancos ya no son tan alegres. En el caso de los promotores de los huertos antes les financiaban hasta el 100% y tomaban como garantía el propio negocio. En la época de vacas flacas financian el 60% a los más pudientes. Claro que antaño el promotor vendía el business por el triple de su coste real. Los suculentos márgenes, las subvenciones y los incentivos fiscales constituían argumentos fiables para animar a los alegres capitalistas que soñaban con hacer realidad el cuento de la lechera. Ahora al ver disminuir sus beneficios algunos prestamistas han  pasado de dar crédito a precios de ganga a cobrar un TAE que supera el 14 por ciento. Encima piden más garantías y si el solicitante no las puede aportar cortan el crédito. El negocio es lo primero. 

          En los buenos tiempos Solaria, Fersa, Acciona, Iberdrola, Sacyr (a través de Valoriza Energía), Abengoa o BP Solar hacían su agosto. Pero la “burbuja especulativa” de los huertitos solares estalló. El boom de las renovables comenzó a regularse de forma más racional, para unos, y más puñetera, para otros. Así fue como en el pasado ejercicio se puso fin a las ilusiones de miles de accionistas cortoplacistas.

           

          Por un lado, el ministro de Industria Miguel Sebastián consideró que era necesario rebajar la prima a la energía solar a 33 céntimos por kilovatio en el caso de los paneles en tejado y a 29 céntimos para los huertos solares en tierra. Y como en el cuento de la alegre lechera el cántaro se rompió con un adiós a las condiciones pactadas en 2006 cuando una planta solar de 100 Kw. se beneficiaba de una bonificación de tarifa del 575% los 25 primeros años de explotación y del 460% los siguientes. In the good old days se estimaba una vida útil por planta de unos 40 años y se subvencionaba la producción fotovoltaica a 45 céntimos por kilovatio.

           

          En estos momentos “Vale más un buen aval que las ideas sostenibles de antaño” y el lema “Todo lo que necesitas es un huertito con sol” se ha convertido en “Todo lo que necesitas es cash”. La triste realidad nos desvela que con la recesión hasta los italianos pactan con Sarkozy para volver a la energía nuclear. Entretanto, los grandes consumidores españoles llegan a acuerdos con los franceses para importar électricité del país vecino.

           

          Sebastián provoca “cortocircuitos”

           

          Por si la situación no fuera lo suficientemente caótica, las industrias beneficiadas por la tarifa eléctrica G4 tendrán que soportar unos incrementos insostenibles en el recibo de la luz. Así se prevé que Arcelor Mittal pague un plus superior a unos 20 millones de euros en la “facturita” del primer semestre de 2009. Ante las “amenazas” de deslocalización y los posibles expedientes de regulación de empleo, en los ambientes socialistas suena el runrún de que: “Algo se podrá renegociar en el precio”.

           

          En cuanto a la esperanza fotovoltaica, en su día Industria justificó los cambios en las primas en la intención de evitar la especulación en el sector. La nueva regulación pretendía evitar la instalación masiva de parques solares y un incremento excesivo de la tarifas eléctricas causado por la primas a la producción. Así como intentar palear el problema del déficit de tarifa de las eléctricas.

           

          Por todo ello, a partir del 1 de octubre del pasado ejercicio entró en vigor la actual normativa para los huertos solares. Pero ahí no termina la debacle, se vaticina que a partir de 2010 se reducirán anualmente las primas alrededor de un 5 %. Y entre otras amenazas se barajan el encarecimiento de las materias primas y de los suministros de equipos, debido al cierre de algunos fabricantes. Además de los pequeños inversores y los productores de energía solar han salido especialmente perjudicados los promotores de los parques, y los fabricantes de las placas que se han visto obligados a aplicar tijeretazos. El asunto afecta a miles de puestos de trabajo.

           

          Distintos grupos ecologistas y sindicales ponen el grito en el cielo y arremeten contra los cambios de la política energética, critican al ministro Sebastián de haber mandado mensajes optimistas para crear expectativas de futuro en un sector que luego cortó en seco. CCOO, Ecologistas en Acción, Greenpeace, UGT y WWF-Adena son algunos de los críticos con la actuación del Gobierno. Sin embargo, donde manda patrón no manda marinero y, ante las circunstancias, la cacareada lucha contra el cambio climático también queda en el tintero.C´est la vie.

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          Vehículos eléctricos o de hidrógeno

          Vehículos eléctricos o de hidrógenoEl sueño de un coche ecológico coge velocidad

          El coche eléctrico se afianza como la mejor opción de transporte limpio y en dos años se podrán elegir varios modelos en el mercado

          Conducir contaminando menos, con un vehículo ecológico de emisiones cero era hasta hace poco una utopía. Los dos candidatos más serios para sustituir a los coches de gasolina, los vehículos eléctricos y los de hidrógeno, se enfrentaban a serios obstáculos. Baterías de poca potencia y autonomía, por un lado, y la imposibilidad de obtener hidrógeno a un precio asumible, por otro. Sin embargo, en el último año, el coche de baterías eléctricas ha tomado la delantera en esta carrera para conseguir un automóvil 'verde'. En dos años, cualquiera que lo desee dispondrá de varios modelos de este tipo de vehículo en el mercado.

          Los dispositivos que han revolucionado el sector de la automoción desde el punto de vista ecológico han sido las baterías de ion-litio que usan tanto los teléfonos móviles como los ordenadores. Sus principales cualidades -son más ligeras y potentes- han impulsado la ventaja de los automóviles eléctricos frente a los de hidrógeno. Ya el pasado año se crearon diferentes modelos en los que se incorporaron estas baterías y aun siendo vehículos menos potentes que los de gasolina, alcanzaron velocidades de hasta 160 kilómetros hora.

          Recargar es más barato que repostar

          No obstante y a pesar de los avances, la autonomía de la batería sigue siendo uno de los puntos débiles de estos vehículos, y una de las razones por las que no acaban de convencer al conductor medio. Puesto que sólo se puede circular con la batería entre 60 y 160 kilómetros, dependiendo del modelo y la velocidad, en muchos casos se incorpora un motor de gasolina para poder seguir circulando -son los llamados "híbridos"-. En algunos casos, el motor de gasolina también permite recargar las baterías en marcha. Otro de los principales inconvenientes es que estas baterías no se han abaratado y son caras, lo que repercute en el precio final. En estos momentos, los coches eléctricos más económicos cuestan de partida entre 15.000 y 16.000 euros y son los que tienen menor autonomía (menos de 100 kilómetros). A mayor autonomía y potencia, mayor precio.

          La ventaja se halla en el coste de la recarga, que se realizará en pocas horas y con un enchufe doméstico. Será más barato que repostar gasolina, sobre todo en una situación como la actual, en la que el petróleo es cada vez más escaso y por lo tanto, más caro. Con las actuales tarifas, recargar las baterías de un coche eléctrico sale por la cuarta parte de lo que cuesta llenar el depósito de gasolina: el litro de gasolina se acerca al euro, mientras que el equivalente en electricidad son 21 céntimos de euro.

          Los vehículos de hidrógeno, sin embargo, no han encontrado aún la forma de abaratar los precios. El motor de combustión de hidrógeno es más potente que la alternativa eléctrica, y resulta mucho más rápido llenar el depósito que recargar las baterías eléctricas. Pero el precio está lejos de ser competitivo: a ocho euros el kilo de hidrógeno llenar el depósito de uno de los últimos prototipos, el Hydrogen 7, cuesta 64 euros.

          El reto de la infraestructura

          Entre los problemas técnicos más importantes a los que se enfrenta la creación de un vehículo de hidrógeno destaca la forma de diseñar toda la infraestructura de distribución y almacenaje del combustible. De momento, existen muy pocas dispensadoras de hidrógeno o hidrogeneras pero numerosos expertos coinciden en que ésta sería la solución: crear tuberías de distribución, tanques para almacenar hidrógeno líquido y una flota para su transporte seguro. Es decir, una transformación radical en la industria y el transporte jamás vista en la historia que exigiría una inversión multimillonaria.

          Los coches híbridos incorporan un motor de gasolina para superar las limitaciones de la batería de los coches eléctricos

          De llevarse a cabo esta iniciativa, quedaría por resolver el principal inconveniente para los usuarios: la obtención de hidrógeno a un coste bajo. A pesar de que la fuente del hidrógeno es el agua, un recurso abundante en el planeta, su obtención a través de la electrolisis es un proceso caro y con un requerimiento energético alto -se necesita la misma energía para obtener el hidrógeno que la que después producirá con él-. Se podría utilizar carbón para obtener la energía necesaria que requiere la electrolisis pero en ese caso no se estaría avanzando en la tarea de reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente. Y si se opta por el uso de la electricidad, el sistema no es tan eficiente: es más conveniente destinar la electricidad a la carga de las baterías de un coche que a producir hidrógeno para alimentar una celda de combustible que genere de nuevo electricidad para mover un coche. Así lo constataba en un informe de 2006 uno de los investigadores de la European Fuell Cell Forum, una organización que apoya el desarrollo de células de combustible.

          Entre las alternativas a la electrolisis, se estudia la obtención de hidrógeno de otras fuentes, como el etanol o el metano, gracias al uso de catalizadores y células de combustible. El catalizador permitiría transformar, en el mismo automóvil, el etanol o el metano en hidrógeno, el hidrógeno pasaría a la célula de combustible y ésta generaría la electricidad suficiente para mover el coche. Este sistema, sin embargo, no es tan limpio desde el punto de vista medioambiental de emisiones. Tampoco evita la dependencia de un combustible, aunque sí la necesidad de crear toda la infraestructura de distribución de hidrógeno.

          Otra opción es la que presentó el año pasado un grupo de científicos del Massachussets Institute of Technology. Los investigadores de este prestigioso centro han creado un sistema sencillo y barato para separar el hidrógeno del agua utilizando energía solar y un nuevo catalizador de fosfato e iones de cobalto, que emula el proceso de fotosíntesis de las plantas. De implantarse sería un sistema 100% limpio pero la realidad obliga a abrir los ojos y tomar conciencia de que se trata de una apuesta prometedora que está muy lejos de llegar a comercializarse.

          La red eléctrica ya existente

          Puesto que en estos momentos las células de combustible de los vehículos de hidrógeno son muy caras y la infraestructura para distribuir el hidrógeno es anecdótica, la distribución de electricidad para los coches gana peso como una opción más cercana y real.

          Como la red ya está creada, bastaría con organizar un sistema de postes o puntos, incluso en las mismas gasolineras, donde los coches podrían enchufarse y recargarse o comprar baterías cargadas para su sustitución. En Europa y EE.UU ya hay varias empresas eléctricas que trabajan en este proyecto. Otra de las ventajas que se adjudica a la apuesta eléctrica es que permitiría aprovechar el excedente de electricidad que se genera por la noche -sobre todo el de los parques eólicos, que no se puede acumular-. Así, el usuario dispondría de las dos opciones: enchufar su coche por la noche o, en caso de necesidad, sustituir la batería consumida por otra recargada.

          Ahora bien, aunque los coches eléctricos parecen ser la apuesta más cercana para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, este esfuerzo no serviría de nada si con el fin de obtener la electricidad se siguiera recurriendo a combustibles fósiles. ¿Están preparadas las fuentes renovables para alimentar un número creciente de coches eléctricos? ¿hay suficiente electricidad para lograr este fin? Hay quien asegura que no pero también quienes opinan lo contrario. En los EE.UU, el Instituto de Investigación para la Electricidad de Palo Alto, una institución sin ánimo de lucro, previó que si en el año 2050 se consiguiera que hasta el 60% de los coches del país fueran eléctricos, estos sólo consumirían el 8% de la electricidad nacional. De cualquier forma, es una hipótesis que sólo se verificará cuando llegue el momento.

          ¿Tiene futuro el hidrógeno?

          En este contexto se puede deducir que al automóvil de hidrógeno se le escapa la oportunidad de salir adelante. El año pasado, algunos ejecutivos de General Motors y Toyota dudaban sobre la viabilidad de los coches de hidrógeno a corto plazo y sugerían que sus compañías apostaban por el eléctrico como el mejor modo de reducir las emisiones a gran escala. No obstante, otros expertos apuntan que el futuro de la energía pasa por la combinación de varias fuentes. Y aunque el hidrógeno pierda el tren en el ámbito de la automoción, no hay por qué desdeñar otros nichos de aplicación. Es el caso de los sistemas estáticos, alimentados por energía solar o por metano que obtengan hidrógeno del agua y permitan cubrir las necesidades energéticas de una casa y proporcionar hidrógeno combustible para un automóvil o para la calefacción. Sistemas así no precisan de la compleja infraestructura de transporte de hidrógeno y podrían proporcionar autonomía energética a casas aisladas. Lo que todavía está por comprobar es que sean rentables desde el punto de vista económico.

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          El hidrógeno: realidad y mito

          El hidrógeno: realidad y mito

          @José M. de la Viña - 12/02/2009 06:00h

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          Hoy por fin entramos en faena. ¿Qué les parece si hablamos un poco acerca del hidrógeno? No teman. No voy a entrar en muchos tecnicismos. Si les aburro me avisan. Escribir es fácil. Escribir bien es un poco más difícil. Pero contar de forma sencilla asuntos complejos, de forma más o menos rigurosa, y que al menos lo entienda el que lo ha redactado, les puedo asegurar que es complicado. Lo vamos a intentar.

           

          El hidrógeno como gas puro no existe de forma natural en la naturaleza, no lo podemos extraer de las profundidades como el petróleo o el gas, protagonistas absolutos de la civilización troglodita (*) que nos acoge. Hay que producirlo.

           

          Hay diferentes métodos para hacerlo, no voy a entrar en ellos de momento no sea que salgan huyendo, puede que más adelante. Una vez que ya tenemos el hidrógeno lo podemos llevar donde queramos aunque la tecnología necesaria para hacerlo sea más compleja que la que utilizamos para transportar hidrocarburos, más parecida a la del gas natural. El hidrógeno se puede almacenar y transportar, bien en forma líquida a 252,8 ºCbajo cero; o bien mediante botellas de gas a una presión setenta y cinco veces superior que la atmosférica, por ejemplo, con lo que una botella con mil litros de hidrógeno gaseoso pesaría únicamente unos seis kilogramos (sin contar la botella).  

           

          Cada kilogramo de hidrógeno produce la misma energía que unos tres kilogramos de gas-oil o gasolina. Una vez en destino puede mover el autobús, coche, tren, avión o cualquier otro artefacto y a cambio suelta vapor de agua cuando se genera en células y NOX si se quema. Idílico. No. Al final lo que hemos conseguido es que los potenciales efectos nocivos se queden en el lugar de fabricación y no en el de consumo. Como con la energía eléctrica.

           

          ¿Por qué? Porque como el hidrógeno hay que fabricarlo, lo acabamos de decir, y aquí está el “pero”, y por tanto el debate. La energía del hidrógeno es tan ecológica como la fuente de energía que para ello necesita, hoy por hoy energías convencionales - incluyo aquí las renovables actuales - menos las pérdidas, muy importantes, de todo el proceso, incluida la compresión, licuefacción, transporte, almacenaje y distribución final. Y por ello siempre será más caro.

           

          Es muy fácil decir, mi hidrógeno que se fabrique con renovables, que yo soy muy ecológico. La vida real no resulta tan sencilla. En definitiva seguimos maltratando al entorno, eso sí, no lo vemos, en algún lugar desconocido para nosotros, allá donde se genera. ¿Pura hipocresía? De momento.

           

          Fabricar el hidrógeno es caro, aunque como siempre las mejoras tecnológicas y las economías de escala tenderán a reducirlos. Su rendimiento es bajo. ¿Qué es el rendimiento? Pues que para fabricar un único kilowatio de hidrógeno limpio necesitamos consumir alrededor de dos o tres kilowatios de energías convencionales (**), bien sean renovables o no. Todo un derroche.

           

          El futuro del hidrógeno

           

          Pero el hidrógeno podría tener aplicaciones muy interesantes en el futuro, no deberíamos descartarle tan rápidamente. Probablemente no será la panacea, pero algo ayudará.

           

          ¿Como? Imagínense que algún día sea posible aprovechar de forma masiva la energía de las corrientes marinas allá en alta mar, que la fusión nuclear sea una realidad o las megacentrales solares en el Sahara, alejadas de los centros de consumo. En esos casos el hidrógeno producido por cualquiera de esos métodos u otros que se pudiesen imponer, podría ser un complemento perfecto, ya que esas centrales proporcionarían energía de formamenos contaminante que se podría transformar en hidrógeno y de esta forma transportar hasta las redes dehidrolineras donde se abastecerían los vehículos. (Repetimos: menos. Todas las energías sin excepción producen contaminación y tienen efectos secundarios, de una forma u otra, en mayor o menor medida, nos guste o no nos guste).

           

          También podría ser útil para almacenar, a pesar de su elevado coste, la energía producida por las centrales domésticas durante determinados picos de producción, por ejemplo de energía eólica o solar convencional, y que la demanda del momento no pudiera absorber.

           

          Mientras tanto, y con el fin de que su tecnología pueda madurar, se debería seguir investigando para así mejorar el rendimiento del ciclo del hidrógeno y de sus aplicaciones. Para ello se deberán dedicar durante los próximos años importantes recursos. El debate no debería consistir en si se fomenta o no el hidrógeno.  El debate que sugeriría es el siguiente: ¿cómo fabricamos el hidrógeno?

           

           

          (*) Según acepción del diccionario de la RAE, el término “troglodita” significa entre otras cosas “muy comedor”. Creo que podemos aplicarle perfectamente. Somos unos devoradores de energía cada día más glotones e insaciables que acabaremos feneciendo de empacho si no tomamos medidas.

           

          (**) Para los más técnicos: el rendimiento en la fabricación hoy en día, con el método más eficiente, es del orden del 75%; el de la compresión del 80%; el de la licuefacción 60%; el del transporte 90%; y, finalmente, el del almacenamiento un 90%. Todos aproximados. Y como las pérdidas se suman, el rendimiento global de todo el proceso estaría, según cada circunstancia particular, en el entorno del 30 % al 50 % en el mejor de los casos. A la presión atmosférica, la masa del hidrógeno gaseoso es de 0,0899 kg/m3.

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          s2t2 -El futuro de la Energía

          El futuro de la Energía

          @José M. de la Viña - 05/02/2009

          Son las ocho de la mañana, está usted disfrutando -¿disfrutando? ¿A eso le llama usted calidad de vida?- del atasco matutino, en el coche, solo, gastando combustible, perdiendo el tiempo, inútilmente. Contaminando.

           

          Que más le da. Puede pagar la gasolina. ¿Será por dinero? El cambio climático es una entelequia, algo muy lejano que no le afecta, suponiendo que sea verdad, así que mi conciencia está tranquila. No tiene remordimientos.

           

          Sin embargo, esos litros que está consumiendo seguro que ya no contribuirán a salvar una vida dentro de doscientos o trescientos años -así no discutimos cuantas reservas quedan, poca gente duda que, a este ritmo, en dos o tres siglos no quedará casi nada, ni recursos fósiles ni otros muchos recursos naturales-, quien sabe, ni a calentar a nadie en el futuro, cuando la escasez arrecie. Que más le da. Sabe que el petróleo no es renovable, pero algo se inventará, ya lo arreglarán los políticos, para eso les vota. Ande yo caliente y ríase la gente, dice el refrán. Seguro que a nuestros descendientes les hará mucha gracia la frasecita. 

           

          Debería importarnos. Aunque a nosotros nos dé igual, probablemente nuestros hijos, pero estoy seguro que nuestros nietos, se acordarán de sus antepasados recientes, de su egoísmo, su desidia, su conveniencia inmediata, su vagancia intelectual, sus orejeras ideológicas. Para qué pensar en cambiar las cosas si a mí todo me va bien. El que venga detrás que arree estará usted pensando, bien cómodo, al calor de su automóvil, hace frío afuera. Que más le da.

           

          Hay profecías para todos los gustos, no me quedo con ninguna, la verdad es que no tenemos ni idea. Están los más catastrofistas que dicen que el petróleo se acabará en unos treinta años, y los que no lo son, que dicen que habrá petróleo y gas por lo menos otros sesenta u ochenta años más. Discusión fútil. ¡Que más da!

           

          Pensamos que somos una civilización muy avanzada, hemos llegado a la Luna, vemos por la tele o desde nuestro ordenador el planeta Marte, ya hay sondas en los confines del sistema solar. Sin embargo no nos damos cuenta que nuestra presunta civilización se basa en hacer agujeros en el suelo, eso sí, de una forma muy sofisticada, extraer lo que se ha ido formado muy lentamente en el interior de la Tierra. Dicho de forma simple, consumimos en un instante el petróleo que le costó fabricar a la naturaleza millones de años.

           

          Si, querida lectora, querido lector –seamos por una vez políticamente correctos, no se inquieten, no se repetirá-, por absurdo que parezca, el origen y puntal de la civilización occidental actual es nuestra capacidad para hacer agujeros en el suelo. Los balbuceantes comienzos de la Revolución Industrial, allá a mediados del siglo XVIII, se movieron básicamente a base de madera y energía hidráulica, energías renovables ambas, aunque muchos bosques nunca se recuperaron. El siglo XIX fue el siglo del carbón, ya empezamos a hacer agujeros de forma industrial y masiva. El XX ha sido el siglo del petróleo. El siglo XXI lo está siendo del gas, lo que queda de petróleo y deberá ser de algo más. Renovables. Si. Nucleares. ¿No, gracias? ¿Y el XXII? ¿Cuántos agujeros más faltarán por hacer? ¿Quedará alguna pizca de energía fósil en nuestro planeta?

           

          La Edad Fósil

           

          Como acabamos de mencionar, la civilización actual no ha hecho nada más que tomar graciosamente, consumir lo que la naturaleza, que no nosotros, tardó millones de años en fabricar. Cuando estudiábamos historia nos decían que después de la Edad Moderna venía la Edad Contemporánea, en la cual nos encontramos. Pienso que nuestros descendientes la redenominarán Edad Fósil, intermedia entre la Edad Moderna y aquella en que se logre de verdad el tan cacareado crecimiento sostenible, sobre el que todo el mundo habla pero nadie sabe como se alcanza.

           

          Construyamos el futuro

           

          Ahora es nuestro turno. La gran revolución, la definitiva. Tenemos que demostrarnos a nosotros mismos que somos seres civilizados y racionales, que podemos seguir siendo dignos de utilizar ese nombre. ¿O acaso no somos más que una especie que, aunque un poquito más espabilada que otras, no deja de ser la más depredadora del reino animal, con dañinas tendencias autodestructivas? Deberemos ser capaces en un futuro próximo de poder generar energía de forma continua y permanente, pero sobre todo abundante, para poder sustituir aquello que la naturaleza nos está regalando, no sabemos hasta cuando, todos los días, permitiéndonos un impulso inicial en nuestro desarrollo del que todavía nos estamos beneficiando, esa energía barata que actualmente consumimos y derrochamos.

           

          Y además deberemos ser capaces de hacerlo sin producir daños colaterales. Fabricar la energía que necesitamos para vivir, sin contaminar, y sin que nuestros descendientes tengan que pagar por ello. Deberemos ser capaces de crear un paradigma en el que un mayor bienestar y crecimiento económico no signifique un mayor consumo de energía, de contaminación, de destrucción del entorno o agotamiento de los recursos. Para conseguirlo deberemos ser capaces de generar la ansiada energía de forma estable y continua, sin efectos nocivos, de manera que las generaciones futuras puedan también disfrutar de ese bienestar en vez de sufrir las consecuencias de nuestras acciones presentes. Todo un reto.

           

          Las energías renovables actuales acaban de nacer, no son suficientes, eficientes, de momento un mero parche. Hay que hacer más. Mucho más.

           

          No tenemos demasiado tiempo. Quizá medio siglo, probablemente algo más. Puede que menos.

           

          Hace treinta años se decía que la fusión nuclear, la energía del Sol, aquella que solucionaría todos nuestros males, en treinta años sería una realidad. Ha pasado ese tiempo y casi no hemos avanzado. El ITER, la gran esperanza, todavía no está listo. ¿Será suficiente? ¿Perderemos igualmente los próximos treinta años? Para entonces, ¿se nos estará acabando el tiempo?

           

          Si no llegan a tiempo ni hacemos madurar nuevas tecnologías, en cuanto empiece en serio la escasez de las energías fósiles aumentarán los conflictos, las guerras, tendremos crisis económicas endémicas, mayor inestabilidad planetaria en definitiva. Nos afectará. En Occidente ya no nos sentiremos tan cómodos ni seguiremos viendo desde nuestros sillones, igual de indolentes que ahora, como las catástrofes solo les afectan a los otros. Pobrecitos.

           

          Acabamos de disfrutar desde nuestros calentitos hogares del lamentable espectáculo de gas y fuerza dedicado por los rusos a nuestros vecinos europeos, un toque de atención que deberíamos tomar muy en serio  –se merecerá unos humildes comentarios, un poco de paciencia por favor-; este otoño hemos visto como un desajuste temporal entre la demanda y la oferta, provocado por la incipiente crisis, ha hecho que el petróleo baje del nivel de los ciento cuarenta dólares por barril a cotizar cerca de los cuarenta en apenas tres meses. ¿Se imaginan al revés? Cuando se reactive la economía, cuando comience la escasez real ¿qué niveles podrá alcanzar el petróleo? ¿En que plazo? ¿Con qué consecuencias? ¿Provocará ciclos económicos más cortos, crisis más frecuentes, profundas? ¿Estaremos preparados?

           

          Debemos ponernos nosotros, los ciudadanos, manos a la obra inmediatamente, debería ser la máxima prioridad mundial. Aliviaría la pobreza futura. Deberemos dejar de esquilmar el medio ambiente y los escasos recursos disponibles. Ahorrar, reciclar, consumir energía responsablemente. Deberemos obligar a los gobernantes a trabajar. Si no lo hacemos nosotros ellos no tomarán la iniciativa. Lo estamos viendo. Solo les importan los votos del mes que viene, la prebenda de hoy. El hacer que hacen. Mucho ruido pero pocas nueces. Ahora que estamos en crisis, bendita sea, recapacitemos, reflexionemos, dediquemos los recursos necesarios, investiguemos, arriesguemos.

           

          Será una fuente de oportunidades para los emprendedores, para las empresas que se lo ganen, un nuevo mundo todavía por descubrir. Creará muchos e importantes nichos de empleo. Esas divisas que ahora contaminan, que se volatilizan en las chimeneas, se quedarán para producir riqueza. Exigirá esfuerzo. Imaginación.

           

          Y, finalmente, deberemos ser conscientes, todos, si, usted también querido amigo, un último esfuerzo, no se me arrugue ahora que estamos acabando. Por favor, ponga usted también su granito de arena, no mire hacia otro lado, que ante todo no se le olvide que la energía más ecológica es la que no se consume. Se pueden tomar infinidad de pequeñas medidas imaginativas y otras de cajón que no solo contribuyan a reducir el gasto energético, sino que permitan aumentar la calidad de vida. También medidas estructurales. Pero para eso hacen falta estadistas. ¿Conocen alguno? Desde esta humilde columna alguna propuesta haremos, aunque no sea más que clamar en el desierto.

           

          En fin. Consumamos energía de forma ética, si todavía queda algo de eso. Responsable. Reciclemos más y mejor.

           

          Nuestro querido planeta azul es como una olla que cada día tiene que aguantar mayor presión. ¿Hasta cuando? No dejemos que explote. Nos llevará a todos por delante, los privilegios no servirán. No nos salvará el dinero, el que lo tenga. Reduzcamos la presión. Es la nueva ideología.

           

          No es una amenaza. Generará riqueza. Es una oportunidad. Puede que la última oportunidad que nos queda antes de que nuestra civilización occidental colapse. Muchas civilizaciones a lo largo de la historia desaparecieron pocos años después de alcanzar su cénit, cuando más confianza tenían en su futuro, cuando más se miraban el ombligo. ¿Será nuestro caso? ¿Acaso somos una más? Podría serlo. Méritos no nos faltan. Somos frágiles. Luchemos por nuestra supervivencia.

           

          Parezco un panfletista. No teman. Esto es solo el calentamiento. Iremos entrando en materia poco a poco. 

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          Se abre el telón

          Se abre el telón

          @José M. de la Viña - 29/01/2009 06:00h

          Después de mis primeros escarceos en El Confidencial, en vez de entregarme a los leones como sería lo normal, el amigo McCoy me ha pedido que colabore algo más a menudo, a ser posible hablando de temas de energía y medio ambiente, por eso de que la cabra tira al monte. El sabrá lo que hace.

           

          La verdad es que es una gran responsabilidad. Implica hablar absolutamente de todo. La energía nos da la vida, ha sido la responsable de nuestros progresos recientes pero también es la clave de nuestro futuro como especie, del medio ambiente. Es hablar de transporte, de finanzas, de demografía y globalización, pero también de los problemas que causa. Es hablar de progreso pero también de miseria.

           

          Desde el momento en que la producción de cualquier tipo de energía es agresiva con el entorno, tanto las renovables como las que no lo son, en mayor o menor medida, intentaré dar a conocer en próximos artículos mi punto de vista, ser lo más riguroso posible en los planteamientos, didáctico, sin ninguna presunción, aunque a menudo la brevedad sea enemiga de la exactitud. Sean indulgentes. Intentaré no aburrirles. El día que lo haga haré un “mutis por el foro”, igual que he llegado. Intentaré ser regular, estar con ustedes una vez por semana, aunque sea difícil. Soy incapaz de contar cosas interesantes siempre. Escribo cuando me lo pide el cuerpo. Si me ven más mordaz e irónico de lo habitual es que estoy de mal humor. Intentaré ser lo más correcto posible, ensalzando a los amigos e ignorando a los que no lo son. Generaré polémica, eso espero y deseo.

           

          Ojala consiga convencer a nuestros lectores de que el bienestar futuro dependerá de las acciones presentes, de que debemos estudiar el tema desde todos los puntos de vista, que políticos y ecologistas deberán dejar en casa sus orejeras mentales, sus ideas preconcebidas, que deberán ser capaces de debatir abiertamente, escuchar a los que más saben, tomar decisiones valientes y, sobre todo, pensar en el futuro que le aguarda a nuestros (sus) hijos. Para ello deberán (deberemos) olvidarse del corto plazo, de las próximas elecciones, deberán tomar decisiones difíciles, impopulares (que con una educación adecuada no lo deberían ser tanto) y, por supuesto, deberán olvidarse de su ideología, suponiendo que eso exista hoy en día. Es decir, deberán tener algo tan caduco como el sentido de Estado, ponerse de acuerdo.

           

          Los ciudadanos, todos, deberíamos sentirnos ecologistas, palabra desgastada, muchos hablan de ella, pocos la practican. Ecología y energía es en definitiva lo mismo. El ecologismo es una actitud vital ante la vida, no una etiqueta. Va con la educación. Produce felicidad. Los auténticos ecologistas no son conscientes de serlo. Han sido así toda su vida. Muchos ecologistas que presumen de ello no lo son. Los auténticos cazadores paradójicamente lo son. Ecologismo es no hacer algo de lo que se tengan que arrepentir nuestros hijos, es no tirar papeles en la calle, por la ventanilla del coche, no dejar los deshechos del almuerzo en el campo, la bolsa de patatas vacía en la playa. Es imprimir por ambas caras, no tirar colillas al suelo, no comprar un adosado en un terreno ecológicamente sensible (recalificado por obra y gracias de nuestros ayuntamientos, en la playa o en la montaña, el agotado milagro de los panes y los peces). Es no ir con la moto, el quad o 4X4 por la montaña protegida y aunque no lo sea, haciendo un ruido indecente o marcando roderas por donde no deberían. Es no ir a tomar cervezas al bar de la esquina en coche, no aparcar en doble fila, no dejar los restos del botellón en el parque. Es gastar menos agua, eficientemente.

           

          Es ir andando en vez de en autobús, en autobús en vez de en coche. Es bajar uno o dos grados la calefacción en invierno y subirlos en verano, es respetar el campo, los animales, las plantas, la historia. Es utilizar la energía justa que necesitamos, responsablemente. Y si es posible, un poquito menos.

           

          La ecología es finalmente disfrutar de la naturaleza, de sus colores, olores, los beneficios que produce, su generosidad. Es respetarla, cuidarla.

           

          Hablar de energía es hablar de emisiones, de residuos, deforestación, lluvia ácida, de los pájaros, los animales, desgraciadamente a veces del chapapote. Pero también es hablar de progreso, de educación y cultura, de salvar vidas, producir alimentos, calentarnos, viajar, vivir. No podemos renunciar a ella sin embargo puede ser una de las causas de nuestra destrucción. La energía es finalmente urbanismo, esa disciplina ausente en España desde hace más de medio siglo.

           

          Es global. Los residuos que producimos, provenientes de la energía o no, acaban en los estómagos de los osos polares, los que quedan. Los que tiramos al mar, en los nuestros. Es justo. No conoce fronteras. La deforestación de los bosques tropicales es responsabilidad nuestra. Podemos evitarlo. Se llama trazabilidad (lo explicaremos). Podemos hacer mucho. Los desastres provocados por los de más allá nos afectan, los nuestros también a ellos. Los avances realizados por nosotros benefician a los demás. Los suyos a nosotros. Nadie se libra. Todos se benefician. Todos salen perjudicados. Pobres y ricos.   

           

          La energía está ligada a la economía. El progreso no consiste en crecer, sino crecer mejorando el medio ambiente. Es el gran reto de este siglo. Cuando la economía no crece generamos paro. Cuando lo hace lo deterioramos todavía más. El gran objetivo de la economía y la técnica de este siglo deberá ser el de establecer una sociedad capaz de aumentar la calidad de vida y el bienestar a la vez que ayuda a mejorar el entorno, a generar modelos económica y energéticamente sostenibles, disminuir las injusticias. No debería significar un mayor consumo sino un mejor consumo. No es una amenaza. Es una oportunidad. Necesitará de la participación de todos. De imaginación. Los gobiernos actuarán solo si la sociedad se lo exige, si damos ejemplo durante nuestro quehacer diario. ¿Por qué ir en coche al trabajo cuando podemos ir en bicicleta? Sr. Alcalde, construya carriles bici. ¿Por qué no nos ponemos un jersey en casa en vez de derrochar gas? Papá, baja la caldera, que contaminas.

           

          Deberá enseñarse de verdad, rigurosamente, el día en que la sociedad se rebele y decida aumentar de una vez la calidad de la enseñanza, a pequeños y mayores, los adultos. Tenemos que dar ejemplo.

           

          Es el nacimiento de la enerconomía, la ecoeconomía. En definitiva, la economía del conocimiento. Nos jugamos el futuro de nuestros hijos.

           

          Se abre el telón.

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