
En 1995, tras casi 100 años de historia, el parque de vehículos de pasajeros en todo el mundo superó la cifra de 500 millones de unidades, la mayoría de los cuales circulaban por vías de países desarrollados, como la zona norteamericana o la europea occidental. Sin embargo, otras zonas se han subido al carro del desarrollo haciendo que el parque automovilístico haya alcanzado en 2010 casi los 900 millones de unidades, estimando que los “mágicos” 1.000 millones se alcancen en 2015. Visto de otra forma, doblar la cifra que costó casi un siglo alcanzar apenas llevará ahora 20 años.

Con semejantes retos, los fabricantes llevan varios años trabajando en el desarrollo de tecnologías que reduzcan consumos y emisiones, a la vez que investigan la forma de hacer viable en todos los sentidos al vehículo eléctrico. No hay más que echar un vistazo a los eventos del sector durante la década pasada (Detroit, Frankfurt, Shanghai, Tokio, Madrid…) para ver la relevancia que da la industria del sector a las nuevas fuentes energéticas, sobre todo a las que se centran en la electricidad. No obstante, los motores de combustión interna seguirán jugando un importante papel en los próximos años precisamente por las mejoras en su eficiencia (sistemas de arranque y paro automáticos, desactivación de cilindros, turboalimentación, etc.), independientemente de que todos asumamos que el coche eléctrico será el protagonista en el futuro.

En 2010, de los 44,7 millones de automóviles que se estima serán vendidos, aproximadamente un 2,2% (954.000) serán vehículos movidos en parte (híbridos) o totalmente (batería) por energía eléctrica. Para 2020, cuando se cree que el parque automovilístico habrá superado los 1.200 millones de unidades, las previsiones son de unas ventas en los doce meses de casi 71 millones de vehículos, de los cuales 5,2 millones (7,3%) serán eléctricos de una forma u otra.
Jugar a las adivinanzas es difícil, pero que esas cifras sean modificadas a favor del coche eléctrico dependerá de diversos factores, casi todos fundamentados en la batería: alargamiento de su vida útil, incremento de su autonomía, reducción de su coste, desarrollo de la infraestructura necesaria para su recarga y, quizá lo más difícil, la aceptación de las nuevas tecnologías “eléctricas” por parte de los consumidores, que no siempre las comprenden y confían en ellas.
Fuente: J. D. Power and Associates