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          s2t2 -McCoy también es nuclear

          McCoy también es nuclear

          @S. McCoy - 29/06/2009

          He de reconocer que la publicidad atrajo de inmediato mi atención. Bajo el reclamo de Yo soy nuclear, los firmantes, promotores de la web de idéntico nombre, esgrimían hastadiez argumentos en defensa del uso de tal tipo de energía. Stricto sensu, de hecho, el anuncio pertenecía más al campo de la propaganda, desligada del sentido negativo al que va asociado tal vocablo. No perseguía tanto una intención comercial cuanto convencer al lector de que el león no es tan fiero como lo pintan y que, de hecho, el mantenimiento e incluso el reforzamiento del parque nuclear español traería más ventajas que inconvenientes. No puedo estar más de acuerdo. McCoy es nuclear y, de hecho, sigue pensando que es la actitud más progresista que existe a día de hoy.

          Visión que se refuerza en el entorno actual. Por varios motivos. Primero, España necesita ganar en productividad, es de hecho imprescindible para salir de la crisis, lo que requiere a su vez de unos costes de producción energética baratos. Algo a lo que sin duda contribuyen las centrales nucleares. Es verdad que existe un coste de implantación. Pero, como ha quedado demostrado, se traduce en la creación de riqueza en las regiones donde se instalan, en seguridad y estabilidad en el suministro lo que, en definitiva, redunda en una mejor gestión de la red, y en un precio por kilowatio que se sitúa sólo por encima de la incierta energía hidroeléctrica. Además, segundo, en un entorno de competencia por los recursos escasos, se facilita la reducción de la dependencia de los aprovisionamientos de carbón, gas o petróleo procedentes del exterior y se gana por tanto en autonomía.

          En tercer lugar, es una evidencia que la apuesta por lo verde no es limitativa ni excluyente y que puede verse perfectamente complementada por un parque de nucleares que permitan, a un coste razonable, convertirse en una alternativa de las contaminantes centrales térmicas y contribuir así a la reducción de emisiones de CO2 al espacio. Así lo ha entendido el propio Obama en Estados Unidos, y con él todos aquellos países que han hecho del desarrollo de este tipo de energía una prioridad de cara al futuro, especialmente en el ámbito de los BRICs. En un entorno crítico para las cuentas públicas, la involucración del capital privado es clave. Y frente a la incertidumbre que se deriva en toda industria subsidiada, y sujeta por tanto, al vaivén administrativo, la nuclear se presenta como una alternativa clara y solvente. Prueba de ello es el propio interés deIberdrola en el sector en Reino Unido.

          Hay un factor último de hipocresía que, siendo el menos relevante, no deja de tener su importancia. Cuando el sistema lo necesita, la ayuda viene del denostado uranio enriquecido francés a través de la interconexión eléctrica que mantenemos con aquél país. Una paradoja, cuando menos, esta discriminación que se establece en función de dónde se encuentre el origen de la producción, argumento que resultaría de igual aplicación si de lo que estuviéramos hablando fuera del elemento de seguridad, factor que, por cierto, ha mejorado considerablemente con el paso de los años, y más tras el desastre de Chernobil en Ucrania. Mucho confían algunos en el poder paralizante de los Pirineos en el caso de una catástrofe nuclear en la nación vecina. Demasiado, tal vez.

          Es verdad que la alimentación de las centrales se basa en una materia prima igualmente finita y que el aumento del parque de centrales debería llevar aparejado, igualmente, un incremento de la demanda de uranio y un encarecimiento de su coste. Sin embargo, si acceden al siguiente enlace verán cómo la commodity ha vivido un periodo de auge y caída similar al del crudo aunque más espaciado en el tiempo: tras casi alcanzar los 140 dólares en el verano de 2007, se produjo un colapso hasta los 40 que tocó esta primavera. Ha rebotado en los últimos meses pero aún ronda el nivel de 55. Uno se pregunta si no es una alternativa de inversión, per se, de lo más atractiva si nos atenemos a las dinámicas potenciales de compra al alza y oferta a la baja. Puede ser, incluso, que tal descenso sea debido, en parte, en la mejora de la segunda cuestión que esgrimen los detractores de lo nuclear: la seguridad de los residuos. Un problema que también ha vivido extraordinarios avances en los últimos años tanto en términos de reutilización y reciclado como de almacenaje, lo que ha podido afectar a la demanda. Este gráfico explica bastante bien el ciclo de uso del uranio, para los legos como yo.

          Como es costumbre en este país, las ramas de un debate menor nos impiden ver el bosque de lo que está en juego. No se trata de prorrogar o no la vida de las centrales nucleares actualmente existentes (muy interesante, por cierto, el artículo de Vidal-Fochhace un par de semanas en El País), si no de saber el papel que ha de jugar esta energía en el futuro en relación con todos los aspectos que hemos apuntado a lo largo de este post, al que habría que añadir la imprescindible cuestión de la racionalidad o no del nivel de consumo actual. Una de las cosas que me enseñaron nada más aterrizar en el Confidencial es que no se puede abrir una crisis si no se tiene la solución. Una máxima que resulta de indudable aplicación cuando se aplica a las decisiones del ejecutivo. ¿Cuál es la alternativa razonable? Me digan. Está bien ser más papistas que el Papa, pero hombre, no a costa de nuestro bolsillo. Y es que otra de las frases míticas que acompañan el día a día de la gestión de este medio es el si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema. A ver si va ser eso, Zapatero y Sebastián, a ver si va a ser eso…

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          y2a -El automóvil y el cambio climático

          El automóvil y el cambio climático

          cambio climatico 3 El automóvil y el cambio climático

          El mundo del automóvil, como cualquier otro producto industrial, se mueve casi en exclusiva por lo que dicten las tendencias de moda y el marketing. Evidentemente los fabricantes de automóviles lo que buscan es la rentabilidad de sus accionistas, el crecimiento de su patrimonio y la perpetuidad de su negocio. Lo demás es prácticamente indiferente. Por mucho que los slogans publicitarios de las diferentes marcas recen que “les mueve la pasión”, “el placer de conducir”, “por la vida” o lo que sea, lo único que importa es la pasta.
          Y así es; hace tres décadas lo que vendía era la potencia, velocidad, aspectos lujosos o agresivos. 10 años después empezó a hablarse del término “versatilidad” y el espacio y las posibilidades de uso saltaron al mercado, sin dejar de lado las prestaciones del vehículo. De 15 años hacia aquí hubo una materia que se convirtió en primordial para los fabricantes: la seguridad.

          Curiosamente, la seguridad se convirtió en aspecto fundamental a mejorar, pero el salto fue mayor en el campo de la seguridad pasiva que la seguridad activa por un claro motivo: la seguridad pasiva resulta mucho más espectacular de cara al posible cliente (siempre impresiona eso de ver coches estrellándose en laboratorios, mientras que un coche frenando a fondo con ABS no impacta ni vende tanto). En los últimos años se hizo más hincapié en la seguridad activa (el mercado se iba dando cuenta que también es importante tratar de evitar el accidente, además de estar protegido si llega el desgraciado caso). De esta manera creció espectacularmente el porcentaje de coches nuevos que equipan ESP, entre otros elementos.

          Hoy en día, y debido fundamentalmente a la crisis que nos amenaza lo que vende es la ecología. Este campo, pese a haberse desarrollado enormemente en la automoción, no ha sido hasta ahora cuando parece haber tomado una especial relevancia, y no lo hace por las emisiones de CO2 ni por el ahorro de carburante, sino que lo hace por la crisis y las necesidades de comprar coches más baratos y con consumos inferiores.

          cambio climatico El automóvil y el cambio climático

          Por otra parte, el terrible descenso de ventas que ha sufrido el sector en el último año (algo más de un año ya…) impulsa a las administraciones públicas a incentivar la compra de vehículos nuevos. Pero…¿eso es ecología? No lo parece, porque pese a que un coche actual contamina hasta 15 veces menos que uno de hace 20 años, las emisiones de CO2 son prácticamente similares. De hecho, el descenso de emisiones de los coches nuevos se va compensando con el continuo crecimiento del parque automovilístico con lo que la “cara ecológica” de las ayudas al cambio de coche se desvirtúan.

          Greenpeace hace la siguiente declaración al respecto:
          “Es inaceptable que, con dinero público, se financie una industria que se opone desde hace años a adaptarse a los tiempos y a las necesidades ambientales de la sociedad. El cambio climático está aquí y es posible combatirlo al mismo tiempo que se mantiene una economía más sana y más verde”


          El mundo industrial y la ecología están inevitablemente reñidos
          , pero promover la compra de vehículos nuevos con la excusa de que son menos contaminantes es pan para hoy y hambra para mañana. No obstante no hay que olvidar que en contra de la creencia popular, únicamente alrededor del 18% de las emisiones de CO2 provienen del transporte. Trasladando las cifras a nuestro país, el 11% de las emisiones provienen del tráfico rodado

          De igual manera, el coche eléctrico no es la solución mientras la mayor parte de la energía eléctrica se produzca masivamente en centrales térmicas que consumen combustibles fósiles. Por tanto, hace falta algo más que un cambio en la conciencia colectiva para que desciendan las emisiones de CO2. Es imprescindible que las administraciones promuevan las leyes y la cultura necesaria para que generación tras generación seamos más respetuosos con nuestro entorno. Desde mi punto de vista, la mejor arma con que contamos los ciudadanos para luchar contra el cambio climático es la concienciación y la presión social sobre los gobiernos.

          cambio climatico 2 El automóvil y el cambio climático


          Mientras tanto podemos ir aportando nuestro granito de arena limitando el uso del automóvil, caminando más, utilizando la bicicleta o el transporte público. Si no te queda más remedio que utilizar el coche, procura compartirlo: el viaje se hace más ameno y se minimiza el impacto ambiental. Una vez que nos hemos bajado del coche haremos un gran favor al medio ambiente racionalizando el consumo de energía eléctrica, limitando las horas de calefacción y promoviendo un pensamiento ecológico en la gente que nos rodea.

          Este post pertenece a la acción “100 post sobre el cambio climático”

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          s2t2 -Nucleares, ¿de entrada, no?

          Nucleares, ¿de entrada, no?


          Paradojas de la vida. El país que más se aleja del cumplimiento del Protocolo de Kyoto -como consecuencia de un modelo productivo depredador con el medio ambiente- se presenta ahora ante al mundo como el ariete contra las centrales nucleares (que por cierto no emiten gases de efecto invernadero). Lo curioso del asunto es que se trata de uno de los Estados europeos con peores registros en cuanto a intensidad energética -el indicador que muestra la relación entre la energía consumida y la producción de bienes-, lo que refleja que su estructura productiva y energética es altamente ineficiente. Se gasta mucho para producir poco.

          Pero para mayor perplejidad, estamos ante una nación que todavía no ha sido capaz de resolver el principal problema de las centrales nucleares desde el punto de vista de la seguridad: dónde demonios depositar los residuos radiactivos de alta actividad, y que hoy -como solución temporal- duermen en las piscinas situadas en los mismos emplazamientos donde fueron generados, lo que desde luego no es garantía de seguridad. Se trata –no conviene olvidarlo- del mismo país que todavía tiene que ‘repatriar’ basura nuclear (salvo que pague altísimas indemnizaciones si no lo hace en el plazo pactado) depositada en Francia y Reino Unido, procedente de las centrales de Vandellós I y Garoña.

          Pero eso sí, estamos ante un Estado en el que sus ciudadanos se encuentran entre los más antinucleares de Europa -lo dice el Eurobarómetro que elabora la Comisión Europea-, pero ocurre que ningún municipio está dispuesto a albergar un cementerio nuclear en sus proximidades, lo que sin duda allanaría el camino para el entierro definitivo de la industria del átomo.

          Pues bien, ese país, antes de resolver esos problemas relacionados con la sostenibilidad del territorio y del sistema económico, parece decidido a no renovar las autorizaciones de explotación de centrales nucleares, tal y como han interpretado los exégetas del presidente sus recientes palabras: El Gobierno “procurará cumplir” –ha dicho Zapatero- su programa electoral, en el que se pone negro sobre blanco el compromiso político de cerrar los reactores al final de su vida útil, que convencionalmente se sitúa en 40 años.

          Un escenario singular

          Dando por buena esa interpretación de las palabras del presidente -que vienen a ser una especie de ‘Nucleares; de entrada, no’, España se asoma a un escenario energético verdaderamente singular. Es uno de los países con mayor dependencia energética del mundo, pero parece dispuesto a abandonar la energía nuclear, que hoy supone casi el 20% de la producción eléctrica.

          Y aquí está la paradoja. En vez de enmarcar el cierre de Garoña -o la eventual renovación de su licencia- en el contexto de un plan energético estratégico de larguísimo plazo, parece que la decisión descansa exclusivamente en la voluntad política del presidente del Gobierno, como si el aprovisionamiento energético no fuera una cuestión de Estado que sobrevuela al inquilino de turno en la Moncloa.

          Desde luego que no se trata de una decisión cualquiera. Es verdad -como ha recordado recientemente Zapatero en el Senado- que la central de Garoña (que comenzó a estar operativa en 1971) aporta tan sólo el 1,4% del consumo eléctrico del país, pero no es menor cierto que detrás de la planta burgalesa vienen Almaraz, Ascó, Cofrentes y Vandellos II. Todas estas centrales deben renovar su licencia antes de noviembre de 2011, es decir dentro de la actual legislatura, por lo que la decisión sobre Garoña necesariamente ‘contaminará’ al resto de centrales.

          Estamos, por lo tanto, ante un falso debate que tiene un fuerte comportamiento ideológico-electoral: ‘nucleares, si’ o ‘nucleares, no’; pero que obvia el problema de fondo las garantías de aprovisionamiento energético a precios compatibles con las necesidades de bienestar

          Únicamente Trillo (noviembre de 2014) se queda fuera de un calendario diseñado por el enemigo, que hace que la renovación del parque nuclear español se concentre en apenas un par de años. Es decir, que teniendo en cuenta que entre la orden de cierre de una central y el cese definitivo de su actividad pasa entre tres y cuatro años (como sucedió con la planta José Cabrera) estaríamos hablando de que a la vuelta de 2015 sólo habría una central en funcionamiento. Claro está, en el supuesto de que el Gobierno aplicara la esencia de su filosofía: las nucleares son malas, y por lo tanto no deben ser renovadas las licencias.

          Pero aquí surge de nuevo otra paradoja. Ha dicho el presidente que esperará a que se cumpla la vida útil de las centrales, lo que significa que agotará los 40 años. Y eso significa que hasta el año 2028 habría centrales en funcionamiento. La última Vandellós, que comenzó a ser operativa en 1988, en plena moratoria. Las fechas son importantes por una razón. Evidencian que la mayor parte del parque nuclear español empezó a estar operativo en pleno parón nuclear. Felipe González hizo en su día un ejercicio de real politik y aceptó su apertura, toda vez que una decisión en contrario hubiera sido lo mismo que tirar miles de millones a la basura.

          Avances tecnológicos

          ¿Y por qué 40 años y no 50 o 60? En EEUU, con una legislación muy severa tras el accidente de Three Mile Island en 1979, se ha extendido la vida útil de 26 unidades hasta los 60 años, y otras 18 centrales están en proceso de revisión. Y en Japón -un país altamente sensibilizado con la energía nuclear por razones obvias- se plantea la posibilidad de contar con centrales cuya vida sea del orden de 70 años. Todo gracias a los avances tecnológicos, que permiten centrales más eficientes y seguras, lo que explica el voto favorable del Consejo de Seguridad Nuclear para que Garoña siga funcionando 10 años más. Lo determinante, por lo tanto, no es el concepto de ‘vida útil’, sino las condiciones de seguridad de cada planta nuclear.

          Estamos, por lo tanto, ante un falso debate que tiene un fuerte comportamiento ideológico-electoral: ‘nucleares, si’ o ‘nucleares, no’; pero que obvia el problema de fondo las garantías de aprovisionamiento energético a precios compatibles con las necesidades de bienestar de la población. El falso debate se plantea, incluso, como un asunto excluyente. Como si la renovación de las autorizaciones no fuera complementaria con la apuesta por las energías renovables, cuya capacidad de sustitución de las fuentes tradicionales es hoy por hoy –desgraciadamente- limitada. Claro está a no ser que un país con más de cuatro millones de parados esté dispuesto a hacerse el haraquiri económico. Y lo que es todavía peor, el debate se plantea como una cuestión que afecta exclusivamente al Ejecutivo, cuando se trata de una decisión nacional que en ningún caso debe tomarse por razones electoralistas.

          Hay que mantener, por lo tanto, la moratoria nuclear; pero eso no es incompatible con la renovación de Garoña, hasta el preciso momento en que el Consejo de Seguridad Nuclear diga que la central es inviable. Y en paralelo, acelerar tanto el uso de energías renovables –sin pagar sobreprecios- como el uso más racional de la energía, derrochada a raudales con planes urbanísticos insostenibles que hacen desplazarse cada mañana a millones de ciudadanos a sus centros de trabajo. Cambiando, al mismo tiempo, un sistema de transporte depredador del medio ambiente que potencia el uso de medios individuales frente a los colectivos. Es decir, crear las condiciones objetivas para que este país pueda desprenderse de la pesadilla nuclear. Pero eso no es lo mismo que poner los bueyes delante de los carros, como pretende el señor presidente.

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          Sainsbury’s genera electricidad a partir de su aparcamiento de diariomotor.com de Sergio Álvarez Sainsbury’s es una conocida cadena de supermercados

          Sainsbury’s genera electricidad a partir de su aparcamiento

          Sainsbury's genera electricidad a partir de su aparcamiento

          Sainsbury’s es una conocida cadena de supermercados británica. Preocupados por el medio ambiente, acaban de inaugurar en Gloucester un nuevo centro, orientado a la máxima eficiencia energética. Una de las mayores innovaciones es la generación de electricidad a partir de los vehículos que entran al parking. Tranquilos, nadie les descarga la batería, para acceder al aparcamiento los coches pasan sobre una placa metálica – parecida a un resalto, pero de menor tamaño – que cede ligeramente ante el peso del vehículo.

          Se genera un movimiento de la placa hacia abajo que acciona una dinamo, a su vez generando electricidad a partir de la energía cinética. De esta manera, el supermercado puede mantener funcionando equipamiento como las cajas registradoras – de no muy alto consumo eléctrico – sin coste alguno. El sistema aún está en pruebas, y si son satisfactorias podría extenderse a todos los Sainsbury’s del Reino Unido. Para la empresa supone electricidad gratis, y el coste de instalación se amortiza en sólamente dos años.

          Además de este sistema, el techo del edificio está cargado de paneles solares, las paredes están construidas de materiales reciclados y el agua de la lluvia se usa para la cisterna de los inodoros. Volviendo al tema automovilístico, esta solución me parece ideal para su instalación en grandes ciudades, con mucho tráfico. Si en la Castellana de Madrid se colocasen estas placas – cuyo efecto en la conducción es un muy ligero bache – estoy seguro de que se podrían operar los semáforos sin coste eléctrico alguno todo el día.

          Sus detractores opinan que puede dañar las suspensiones del vehículo, pero si se hace bien – como aparentemente es el caso del supermercado – el efecto sobre la mecánica de nuestro vehículo promete ser prácticamente nulo. ¿Implementaríais este sistema en vuestra ciudad? A continuación os mostramos un vídeo de las pruebas de uno de los primeros modelos, con mucha capacidad de generación energética pero claramente molesto para los conductores.

          Ventana externa

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          s2t2 -La batería del iMiev se queda corta; solamente dura 1.000 recargas

          La batería del iMiev se queda corta; solamente dura 1.000 recargas

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          La semana pasada, cuando la gente de Mitsubishi anunció la producción en cadena del nuevo eléctrico iMiev, se cuidaron muy bien de hablar de la duración de las baterías. Sin embargo vemos que en el foro de gm-volt se dan algunos datos interesantes de estas baterías y del porqué Mitsubishi ofrecerá el iMiev solamente por el sistema de leasing: la corta duración de las baterías.

          El proveedor de las baterías es GS Yuasa, que también provee a otras marcas japonesas, pero cuyas baterías duran la mitad de lo que duran unas baterías construidas por LG, por ejemplo. Resumiendo, las baterías del iMiev parece que durarán 150.000 km o 1.000 cargas.

          Hay que tener en cuenta que la manera de conducir o el uso que se le de al coche va a influir en estas cifras que no creo que sean tan malas. Pero que nadie espere que un iMiev vaya a durar más de 150.000 km

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